Mazas
Dentro del armamento ofensivo empuñable, las mazas tomarán progresivamente importancia a medida que nos adentremos en la Baja Edad Media.

Sin embargo, junto al hacha, fueron armas que despertaron menor interés simbólico y social para los cronistas y artistas que espadas y lanzas.

Por tanto, sus representaciones son muy escasas pero podemos distinguir tres tipos básicos e, incluso, nos permitimos añadir aquí el martillo de armas.

El modelo más simple de maza está compuesto por una caña cilíndrica y una cabeza esférica y fue utilizado tanto en el mundo cristiano como en el islámico, donde al parecer tuvo especial difusión. Este modelos podríamos situarlo hacia el siglo XII.

La evolución posterior nos aparece con una cabeza a la que se le incluyen partes salientes, ya sean posibles clavos u otros elementos, para aumentar su capacidad ofensiva. Aparecería a finales de este siglo XII.

Sin embargo, el modelo de mayor difusión presentaba las siguientes características: una caña cilíndrica asociada a un nudo compuesto por varias navajas que constituyen la estructura principal del arma. El nudo estará a su vez coronado por un tope semicircular.

La altura total alcanzaba hasta la cintura del portador siendo así una evolución de los modelos anteriores. En los casos más extremos era manejada por las dos manos del caballero.

Su origen y desarrollo en Europa debería situarse hacia mediados del siglo XIII.

En cuanto al martillo de armas, no es una maza propiamente dicha pero guarda ciertas similitudes funcionales con ésta.

Datan de mediados del siglo XIII y se utilizaban a dos manos.Se caracteriza por una gruesa cabeza en su parte anterior, que diminuye y se alarga en la posterior y se configura como un arma especialmente concebida contra fuertes defensas corporales. Se extendería por el continente durante el siglo XIV.

Por lo general, las mazas han sido dotadas de una carga simbólica, asociándose a personajes vinculados con el poder o la justicia. La importancia del arma radica en su poder ofensivo, puede enfrentarse con todas las armas menos con la lanza y está dirigida, como decimos, a quebrar las defensas del adversario.