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En
marzo de 1314, Bruce empezó a instruir a sus tropas y a
estudiar el terreno. Si Eduardo II tenía más hombres
y caballos, él tenía más talento militar.
Pronto encontró el sitio perfecto para poner a sus hombres
y bloquear al inglés en su marcha hacia el castillo: el
denso bosque de New Park: a su derecha matorrales impenetrables,
a su izquierda tierra pantanosa; el castillo detrás, y
delante el arroyo Bannock. |
Este
arroyo no era un gran obstáculo, pero los ingleses tenían
que atravesarlo para llegar al castillo por la vieja calzada romana,
y Bruce excavó zanjas y puso trampas de pinchos para inutilizar
la caballería. Tal problema forzaría a los ingleses
a dirigirse a la turbera pantanosa, donde perderían efectividad.
Los escoceses, por su parte, tomaron posiciones en terreno más
firme y más elevado. |
El día
antes (23 de junio) Bruce cabalgó solo, hacha en mano,
para ver la llegada del gran ejército inglés: 2.000
caballeros con armadura, 17.000 arqueros e infantería con
lanzas, y unos mil escoceses contrarios a Bruce: partidarios de
Comyn, y el clan MacDougall. Los hombres de Bruce sumaban solo
5.500 bien entrenados, más 2.000 voluntarios sin entrenar
que quedaron de reserva. A caballo solo 500, y sin armadura. |
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Cuando
Bruce espiaba a los ingleses, uno de sus caballeros, Sir Henry
de Bohun, reconoció su distintivo real, y decidió
atacar: era un combate de uno contra uno, y si conseguía
matar al rey escocés, todo habría terminado. Bruce
esperó hasta que Sir Henry, cabalgando al galope, casi
le pudo tocar. En ese momento Bruce se apartó, y según
pasaba el inglés le dio tal hachazo en la cabeza que le
atravesó la armadura y le partió el cráneo.
Los escoceses le recriminaron por arriesgar su vida, pero Bruce
solo lamentaba haber roto el mango del hacha.
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Al
amanecer del 24 de junio, los escoceses salieron del bosque y
se arrodillaron para rezar antes de empezar la lucha. Eduardo
II, demasiado estúpido para ser rey, se rió de ellos
pensando que le pedían piedad a él. Alguien a su
lado con un poco más de cabeza le dijo que a quien se dirigían
era a Dios, y no al rey inglés. |
Los
ingleses habían caído en la trampa de Bruce, al
desviar su caballería hacia el terreno pantanoso. Bruce
separó sus fuerzas en cuatro divisiones, y avanzó
hacia la turbera. Iban en formación escalonada, y con las
lanzas desplegadas, haciendo que cada división pareciese
un enorme puercoespín de hierro. |
La
turbera donde los ingleses habían sido llevados por Bruce
era una zona muy estrecha, difícil para montar a caballo,
y más fácil para luchar a pie con hachas y lanzas.
Los escoceses empezaron a avanzar. Cuando se ordenó a la
caballería cargar contra los escoceses, los caballos no
pudieron atravesar las unidades de Bruce al chocar violentamente
con las lanzas. El impacto de los caballos al clavarse en las
lanzas fue terrible, pero los escoceses resistieron. |
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Muchos caballos y caballeros
murieron atravesados por las lanzas, aplastados por los de detrás,
o muertos en tierra por los escoceses. Casi toda la caballería
fue muerta o hecha prisionera, y su mando, el Conde de Gloucester,
murió. La retirada fue instantánea.
Casi ya sin caballos, los arqueros
ingleses de Eduardo II empezaron a disparar, Bruce sacó
entonces su caballería del bosque y cargó contra
ellos, sacándolos de sus posiciones. Ahora huían
arqueros y caballeros, perseguidos por los escoceses. Ambas unidades
corriendo ya en retirada, fueron blanco inevitable de los arqueros
ingleses de reserva, que sacó Eduardo II como último
recurso, sabiendo que mataría a sus propias tropas, pero
también escoceses. Aquello fue la debacle para los ingleses,
forzados a huir colina abajo hacia el arroyo de Bannock y el río
Forth. Muchos fueron masacrados en una huída sin salida
posible.
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Eduardo II vio
que había perdido la batalla, y abandonó el lugar
y a sus hombres para salvar su vida. Quiso entrar en el castillo
de Stirling, pero su gobernador se lo impidió, por lo que
se refugió en Dunbar. Los ingleses se vieron sin rey, y
justo entonces los voluntarios escoceses cargaron contra ellos,
lo que supuso que éstos hicieran multitud de rehenes que
cambiaron por prisioneros escoceses en Inglaterra. |
Tras Bannockburn Escocia había
recobrado su independencia, dado que Inglaterra retiró
su demanda del trono escocés. Ahora había al norte
un rey fuerte y un territorio unido cuyos soldados sabían
que podían derrotar al vecino inglés en cualquier
momento. Las disputas con los ingleses seguirían, pero
Londres tenía que reconocer el poder de los escoceses. |
Robert I the Bruce
murió el 7 de junio de 1329, a los 55 años. Solo
un año antes los dos países habían firmado
un tratado de paz. A Bruce solo le quedaron dos deseos por cumplir
antes de morir: Uno, el reconocimiento oficial del Papa, tras
el oscuro episodio del crimen en la iglesia. El Vaticano preparaba
ese reconocimiento a Bruce y sus sucesores como reyes legítimos
de Escocia cuando Robert I murió. Dos, haber ido a las
Cruzadas. Como ya no podría ir, ordenó que su corazón
fuese sacado y embalsamado a su muerte, y llevado a Tierra Santa
con los Cruzados escoceses. Hoy su corazón está
enterrado en algún lugar sin precisar dentro de Melrose
Abbey, al sur de Escocia. |
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