La Guerra de los Cien Años. 1ª Fase: 1337 - 1413

La batalla de Crècy (II)

Los efectivos ingleses se traducían en unas tropas inglesas que contaban con 3.900 caballeros a pie, 11.000 arqueros y 5.000 soldados de infantería ligera. Todo ello contra los 12.000 caballeros montados, 6.000 ballesteros mercenarios genoveses, 20.000 miembros de las milicias urbanas, una división de caballería al mando del rey Juan de Bohemia, y una cantidad indeterminada de infantería por parte del bando francés. Como nota curiosa podemos apuntar que los ingleses utilizaron por ver primera el cañón en una batalla, que consistía en un tosco tubo de hierro forjado que disparaba grandes piedras.

Los caballeros y nobles franceses, ansiosos de guerrear, fueron los primeros en llegar al campo de batalla donde tendría lugar el primer gran enfrentamiento de la Guerra de los Cien Años. Dichos nobles no pudieron resistir la tentación de atacar antes de que llegara el grueso de su ejército y mandaron a los ballesteros delante de ellos para que les fueran abriendo el camino con sus flechas.

Cuando estos llegaron al pie de la loma se dieron cuenta que sus armas les fallaban (se dice que a causa de la lluvia se les habían aflojado las cuerdas) mientras padecían las flechas inglesas. Incapaces de devolver los disparos, comenzaron a retroceder; pero se encontraron con la primera carga de caballería, que coléricos por la "traición y cobardía" no solo no los dejaron pasar, sino que se abrieron paso entre ellos, echando mano a la espada. Mientras tanto, sonaban los rabiosos silbidos de las flechas británicas, que copiosamente alcanzaban a esta tosca masa de hombres.

En todo este caos los caballeros consiguieron salir de la multitud para lanzarse finalmente colina arriba, enfrentándose valientemente a la cortina de saetas. Los caballos que caían (por las flechas o por trampas artificiales) arrastraban a otros caballeros, haciendo cada vez más difícil alcanzar al enemigo. Cuando finalmente llegaron a los ingleses, cayeron en la cuenta de que los arqueros estaban posicionados en dos frentes diferentes, recibiendo las flechas por ambos flancos.

Otro apunte muy curioso que podemos incluir aquí es que los arcos ingleses se fabricaban con madera francesa ya que, a modo de arancel aduanero, los ingleses cobraban una vara de tejo de dos metros de longitud y determinado grosor por cada barril de vino que importaban de Francia. Para usar los arcos que se hacían con esas varas hacía falta una fuerza equivalente a 80 kilos y disparaban flechas pesadas a 200 metros de distancia.
La dotación de flechas de un arquero inglés referenciada por los datos de la batalla de Crécy en Ponthieu fue de 24 o 36 flechas atadas en racimos de 12. Las primeras docenas iban armadas con puntas largas especiales para caballería y la última docena llevaba puntas de doble filo (barbadas) para infantería y para menor distancia.
Dieciséis cargas arremetieron los bravos francos, pero apenas alcanzaron a tomar contacto con los caballeros enemigos y serían incapaces por tanto de establecer combate cuerpo a cuerpo. El rey Eduardo III ni siquiera utilizó sus fuerzas de reserva.
Los caballeros más gloriosos de Europa se estaban retirando. Retirando de simples arqueros y caballeros a pie. La fuerza brutal, desobediente, valerosa hasta la temeridad, honrosa y confiada de la caballería francesa ya no vencería jamás con la clásica carga de caballería, al inglés astuto y medido en sus estrategias. Francia debería cambiar de raíz su forma de hacer la guerra, siendo cautelosos, obedientes y disciplinados, planificando los ataques y renunciando a su antigua arrogancia. El caballero francés pagó con mucha sangre ese aprendizaje, a tal punto, que alguien ha oído decir a Napoleón al retirarse de Waterloo "Siempre ha sido igual, desde Crécy".