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Los efectivos ingleses se traducían
en unas tropas inglesas que contaban con 3.900 caballeros a pie,
11.000 arqueros y 5.000 soldados de infantería ligera.
Todo ello contra los 12.000 caballeros montados, 6.000 ballesteros
mercenarios genoveses, 20.000 miembros de las milicias urbanas,
una división de caballería al mando del rey Juan
de Bohemia, y una cantidad indeterminada de infantería
por parte del bando francés. Como nota curiosa podemos
apuntar que los ingleses utilizaron por ver primera el cañón
en una batalla, que consistía en un tosco tubo de hierro
forjado que disparaba grandes piedras.
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Los caballeros
y nobles franceses, ansiosos de guerrear, fueron los primeros
en llegar al campo de batalla donde tendría lugar el
primer gran enfrentamiento de la Guerra de los Cien Años.
Dichos nobles no pudieron resistir la tentación de atacar
antes de que llegara el grueso de su ejército y mandaron
a los ballesteros delante de ellos para que les fueran abriendo
el camino con sus flechas.
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Cuando
estos llegaron al pie de la loma se dieron cuenta que sus armas
les fallaban (se dice que a causa de la lluvia se les habían
aflojado las cuerdas) mientras padecían las flechas inglesas.
Incapaces de devolver los disparos, comenzaron a retroceder; pero
se encontraron con la primera carga de caballería, que
coléricos por la "traición y cobardía"
no solo no los dejaron pasar, sino que se abrieron paso entre
ellos, echando mano a la espada. Mientras tanto, sonaban los rabiosos
silbidos de las flechas británicas, que copiosamente alcanzaban
a esta tosca masa de hombres.
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En todo
este caos los caballeros consiguieron salir de la multitud para
lanzarse finalmente colina arriba, enfrentándose valientemente
a la cortina de saetas. Los caballos que caían (por las
flechas o por trampas artificiales) arrastraban a otros caballeros,
haciendo cada vez más difícil alcanzar al enemigo.
Cuando finalmente llegaron a los ingleses, cayeron en la cuenta
de que los arqueros estaban posicionados en dos frentes diferentes,
recibiendo las flechas por ambos flancos.
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Otro apunte muy curioso que
podemos incluir aquí es que los arcos ingleses se fabricaban
con madera francesa ya que, a modo de arancel aduanero, los ingleses
cobraban una vara de tejo de dos metros de longitud y determinado
grosor por cada barril de vino que importaban de Francia. Para
usar los arcos que se hacían con esas varas hacía
falta una fuerza equivalente a 80 kilos y disparaban flechas pesadas
a 200 metros de distancia. |
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La
dotación de flechas de un arquero inglés referenciada
por los datos de la batalla de Crécy en Ponthieu fue de
24 o 36 flechas atadas en racimos de 12. Las primeras docenas
iban armadas con puntas largas especiales para caballería
y la última docena llevaba puntas de doble filo (barbadas)
para infantería y para menor distancia. |
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Dieciséis
cargas arremetieron los bravos francos, pero apenas alcanzaron
a tomar contacto con los caballeros enemigos y serían incapaces
por tanto de establecer combate cuerpo a cuerpo. El rey Eduardo
III ni siquiera utilizó sus fuerzas de reserva. |
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Los
caballeros más gloriosos de Europa se estaban retirando.
Retirando de simples arqueros y caballeros a pie. La fuerza brutal,
desobediente, valerosa hasta la temeridad, honrosa y confiada
de la caballería francesa ya no vencería jamás
con la clásica carga de caballería, al inglés
astuto y medido en sus estrategias. Francia debería cambiar
de raíz su forma de hacer la guerra, siendo cautelosos,
obedientes y disciplinados, planificando los ataques y renunciando
a su antigua arrogancia. El caballero francés pagó
con mucha sangre ese aprendizaje, a tal punto, que alguien ha
oído decir a Napoleón al retirarse de Waterloo "Siempre
ha sido igual, desde Crécy". |
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