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Tan
pronto como ambas armadas estuvieron frente a frente, adoptaron
su orden de batalla y tomaron posiciones. La izquierda cristiana
la ocupaban las naves venecianas, la derecha era defendida por
las genovesas y maltesas y las españolas y romanas ocupaban
el centro. Un grupo de reserva estaba al mando de don Alvaro de
Bazán. |
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Hacia
media mañana se escuchó un cañonazo solitario,
proveniente de la nave capitana turca. Era, según la costumbre
de la época, el desafío de los turcos a la flota
cristiana, cuya artillería contestó inmediatamente
con los dos disparos que significaban la aceptación del
reto. |
Las
galeras egipcias que se situaban en la derecha de los turcos,
atacaron duramente las naves venecianas, hundiendo ocho de ellas
antes de que el almirante Venevio llegara en su auxilio con las
reservas que había ocultado tras un promontorio. La destrucción
de la capitana turca provocó la huida del resto. |
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En
la galera Marquesa combatió Miguel de Cervantes con gran
valor. Tenía entonces veinticuatro años y continuó
combatiendo después de ser herido en el pecho y en el brazo
izquierdo, que le quedaría inútil.
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La
intervención del Marqués de Santa Cruz y don Luis
de Requeséns con las 35 naves de reserva precipitó
el resultado del lado cristiano y pronto el estandarte turco fue
arriado por los occidentales. La muerte de Piali determinó
la victoria de la Liga y el final de la batalla. |
Eran
las cuatro de la tarde y el mar aparecía rojo de sangre
y cubierto de cadáveres en muchas millas a la redonda.
En cinco horas habían muerto 35.000 hombres. Algunos barcos
turcos intentaban escapar y eran perseguidos por naves cristianas,
pero la lucha principal había finalizado. |
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Se
celebró un Consejo después de que la flota se retirarse
a Petela y prevaleció el parecer de dar por terminada la
campaña de aquel año. Pío V y el Dux de Venecia
reconocieron que la victoria se debió principalmente a
España y a Don Juan de Austria. Aunque Lepanto aparentemente
fue una victoria total para los miembros de la Liga Santa, el
carácter definitivo de la victoria cristiana ha sido discutido
por muchos historiadores. |
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La victoria de Lepanto abría
la puerta a las mayores esperanzas. Sin embargo, de momento, no
trajo consigo ninguna clase de consecuencias. La flota aliada
no persiguió al enemigo en derrrota, por diversas razones:
sus propias pérdidas y el mal tiempo, a quien el imperio
turco, desconcertado, debió tal vez su salvación.
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