La
conquista de Atenas y Neopatria
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«En
el mes de Gemelion de la segunda indicción la ciudad de
Constantinopla vio llegar al latino Roger con siete naves propias
y una numerosa flota aliada de catalanes y almogávares:
tanto bueno no lo habías visto nunca» (Jorge Paquimeres,
historiador)
Bien
es cierto que parte de la historia de lo que se dio en conocer
como la Gran Compañía Catalana estuvo muy
vinculada a la figura del singular Roger de Flor, así que
parece conveniente que nos detengamos un poco en este personaje
para incorporarnos luego a los hechos que se sucedieron en Bizancio.
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Roger
de Flor fue un caballero de la Orden del Temple, que participó
en la que ya vimos última cruzada de San Juan de Acre,
evacuando a los cristianos de la zona. Sin embargo, resultó
que los templarios le acusaron de haberse apropiado de sus tesoros
y le expulsaron de la Orden. Se convirtió entonces en un
mercenario, entrando al servicio del rey Fadrique II de Sicilia
(hijo de Pedro III, el Grande, de Aragón). |
Dicho
rey, adivinando y confiando en sus dotes de mando, le pondría
al frente de la Gran Compañía Catalana, que se trataba
de mercenarios catalano-aragoneses que ya habían sido empleados
en la reconquista de Valencia y Mallorca, y que sirvieron para
consolidar la presencia aragonesa en Sicilia frente a la casa
de Anjou (defensa de Mesina, 1301). Y cuando el emperador de Bizancio,
Andrónico II, pidió ayuda frente al acoso de los
turcos, Fadrique le envió a la Gran Compañía
Catalana, una expedición de unos 4.000 almogávares
y 39 naves bajo el mando de Roger de Flor (1303).
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Pocos
meses después, Constantinopla vio llegar la flota procedente
de Mesina y reunida bajo al mando de Roger, el cual, según
una serie de acuerdos que previamente se habían alcanzado,
sería beneficiario de la importante dignidad militar de
megaduque y recibiría en matrimonio a una de las sobrinas
del emperador. Sin embargo, durante el primer año de permanencia
de la Compañía en aquellas tierras, la convivencia
no sería fácil ya que se sucederían algunos
incidentes y roces con el propio ejército del emperador
bizantino. |
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En
cualquier caso, los almogávares dedicaron ese tiempo a
combatir con éxito a los turcos del «dominio de Anatolia
(Asia Menor). En aquellos meses, las fuerzas catalanas se incrementaron
considerablemente con las llegadas sucesivas de Bernat de Rocafort
y Berenguer de Entença con sus hombres, que van a provocar
los primeros conflictos con el emperador. Cuando la Compañía
se instaló en Galípoli para revisar los términos
del acuerdo, las relaciones entre almogávares y griegos
ya estaban seriamente deterioradas. |
Finalmente,
Roger de Flor conseguiría del emperador la posesión
en concepto de feudo de todo lo conquistado en Asia Menor, exceptuando
las ciudades más importantes, así como la dignidad
de césar. Para Enteça quedaría el
título de megaduque. Pero la tragedia vendría de
manos del coemperador Miguel IX el Paleólogo (que reinaba
en sociedad con su padre), y que ordenó el asesinato, movido
por la envidia, de Roger de Flor el 30 de abril de 1305. Esto
motivó que los miembros supervivientes de la Compañía
Catalana, azuzados por los bizantinos, protagonizaran: la «Venganza
Catalana». |
Desde ese momento,
los catalanes hicieron la guerra al Imperio ante las mismas puertas
de Constantinopla, agrupados entorno al polémico senescal
del ejército, Bernat de Rocafort y que mandó asesinar
a Berenguer de Entença, erigido en representante en Occidente
de los almogávares bajo el patrocinio de Jaime II de Aragón. |
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