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1291,
año clave para la suerte de los territorios cristianos
en Tierra Santa. San Juan de Acre, hasta entonces en poder de
los cristianos desde la primera cruzada, cayó asediada
en manos de los mamelucos, al mando del sultán de Egipto
el 18 de mayo de ese año 1291.
En efecto, el sultán el-Achraf
Khalil, que acababa de subir al trono de Egipto, se apresuró
a dar la última estocada a unos territorios cristianos
que venían siendo mermados con el paso de los años
y las cruzadas. |
El
jueves 5 de abril de 1291, empezó al asedio y sitio a San
Juan de Acre al frente de 160.000 hombres de a pie apoyados por
60.000 caballeros y por una formidable “artillería”
de catapultas. |
Por lo que respecta
a las tropas cristianas, allí se encontraban francos de
Siria y Chipre, cruzados, peregrinos acabados de llegar en una
cruzada popular para defender estas últimas posesiones
(y en la que pueden integrarse los Personajes, como es natural)
y marinos italianos en escala. La plaza de San Juan de Acre contaba
con unos 35.000 habitantes, 14.000 combatientes a pie y 800 caballeros
montados. Las Órdenes militares, cuya política egoísta
y disputas era en buena parte responsables de la decadencia franca
en la zona, se portaron dignas de su origen. Mucho se podía
reprochar a esos hombres, pero supieron morir dignamente. |
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En
la noche del 15 de abril de 1291, aprovechando un magnífico
claro de luna, el gran maestro del Temple Guillermo de Beaujeau
y el caballero suizo Otón de Granzón, mandando gentes
de armas del rey de Inglaterra, intentaron hacer una salida en
el sector norte, por el lado de la playa. Con 300 caballeros sorprendieron
a los puestos avanzados egipcios y llegaron hasta el campamento
enemigo, pero los caballos se enredaron en las cuerdas de las
tiendas, fue dada la señal de alerta y no pudieron, tal
como querían, incendiar las máquinas de asedio. |
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Durante
ese mismo mes de abril, los sitiados intentaron hacer otra salida,
pero esta vez a favor de una noche oscura. A media noche toda
caballería se agrupó en silencio detrás de
la puerta de San Antonio; pero los mamelucos, advertidos, estaban
alerta. En el preciso momento en que la voz de mando “¡a
caballo!” sonaba en el ejército franco, todo el campamento
musulmán se iluminó con antorchas y se vio a 10.000
mamelucos también montados a caballo. |
Al
amanecer del viernes 18 de mayo, el sultán el-Achraf lanzó
el asalto final. Un gran batería de címbalos había
dado la señal. Los mamelucos avanzaban a pie, en columnas
espesas que lo sumergían todo. Penetrando entre el muro
exterior y el muro interior, con un solo impulso ocuparon la famosa
Torre Maldita. En ese lado se concentró la suprema resistencia.
El mariscal del Hospital, Mathieu de Clermont, hizo recular por
un instante el enemigo. También los Templarios resistieron
en la tempestad y podía verse a su gran maestre, Guillermo
de Beaujeu, corriendo con una docena de los suyos a detener a
los miles de asaltantes. Durante el camino entra en casa del gran
maestre del Hospital, se lo lleva consigo y ambos se dirigen juntos
hacia la muerte. |
Lo que querían
aquel puñado de hombres de hierro era taponar la vía
entre las dos murallas, salvar el recinto interior y reconquistar
la Torre Maldita. Pero ante aquellas masas musulmanas que caían
sobre ellos nada sirvió. Parecía que aquellos dos
hombres golpeaban contra un muro de piedra y cegados por el humo
del fuego griego ya no se veían el uno al otro. Y así,
entre aquellos torbellinos y aquellos chorros de llamas, en medio
de la lluvia de las ballestas y habiendo cedido el resto de los
francos, ellos, palmo a palmo, seguían resistiendo hasta
que el del Temple terminó cayendo. |
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Mientras
que los mamelucos, a pesar del sacrificio de los Templarios y
de los Hospitalarios, se precipitaban en la ciudad por la puerta
de San Antonio, Juan de Grailly, comandante del contingente francés,
y Otón de Granson, comandante del contingente inglés,
que habían estado defendiendo durante mucho tiempo la puerta
de San Nicolás y la Torre del Puente, terminaban por ser
aplastados en número. Juan de Grailly estaba gravemente
herido, y Otón de Granson fue empujado hacia el puerto
con los sobrevivientes. Granson al menos consiguió embarcar
a Grailly, el gran maestre del Hospital y a los demás heridos
de su entorno en un barco veneciano que los transportó
a Chipre… |
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