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Pero
los barcos disponibles eran insuficientes. Muchos se fueron a
pique bajo los racimos humanos de que estaban sobrecargados. El
patriarca de Jerusalén, Nicolás de Hanapes, dominico
de la diócesis de Reims, después de haber sostenido
durante el asedio, con un celo admirable, el valor de los cristianos,
encontró refugio en una embarcación; pero movido
por su caridad no podía decidirse a largar velas y seguía
acogiendo a los que iban llegando, hasta el punto en que el barco
se hundió. |
La
masa de la población quedó a merced de los furores
de los mamelucos. Aquel día fue terrible pues las damas,
las burguesas y las señoritas huían por las calles
con sus hijos en brazos; enloquecidas y llorando corrían
hacia el puerto…Y cuando los sarracenos los encontraban,
uno tomaba a la madre y otro tomaba al niño; a veces llegaban
a las manos disputándose a la mujer, luego se ponían
de acuerdo degollándola. En otro lugar arrancaban de brazos
de sus madres a los hijos que estaban mamando y los arrojaban
bajo los cascos de los caballos. |
Solamente el convento-fortaleza
de los Templarios seguía resistiendo. Situado sobre el
mar, con murallas enormes, era el reducto supremo. Después
de la muerte del gran maestre, el mariscal del Temple, Pedro de
Serví y el comendador Thibaut Guadin se parapetaron en
él con los últimos sobrevivientes, luego de haber
reunido al pie de las murallas todas las embarcaciones todavía
disponibles. Todo el que pudo refugiarse en esa fortaleza, hombres,
mujeres y niños, encontraron en ella su salvación,
y de allí, con el rey Enrique II, se embarcaron para Chipre. |
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Durante
varios días la fortaleza de los Templarios desafió
todos los ataques. El sultán el-Achraf ofreció entonces
a los Templarios una capitulación honrosa, con autorización
para que se retiraran a Chipre. El acuerdo fue concluido sobre
esas bases. Ya estaban los estandartes del sultán enarbolados
en signo de armisticio sobre la torre principal, mientras que
un emir, con un centenar de mamelucos, era admitido en la fortaleza
como observador del embarque de los cristianos. Pero en la embriaguez
de su triunfo esos mamelucos atentaron contra el honor de las
damas francas. Ante este espectáculo, los caballeros indignados
se arrojaron contra ellos, los ejecutaron, derribaron la bandera
del sultán y cerraron las puertas. Y el mariscal Pedro
de Svry se dispuso para un nuevo asedio. |
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El
castillo, con sus defensores reducidos a la desesperación
parecía imposible de tomar. El sultán el-Achraf
recurrió a una felonía. De nuevo ofreció
a Pedro de Serví una capitulación honrosa. Pedro
cometió la imprudencia de fiarse de sus promesas. Se dirigió
a el-Achraf con una parte de los suyos. En cuanto el sultán
los tuvo en su poder los mandó decapitar. Entonces aquellos
Templarios que habían quedado en la fortaleza, los heridos,
los enfermos, los ancianos, decidieron resistir hasta la muerte. |
El sultán tuvo que
volver a empezar por tercera vez el asedio reforzando las minas.
La base de las murallas estaban zapadas, paños enteros
del muro se derrumbaron, los Templarios seguían resistiendo.
El 28 de mayo la brecha era ya lo suficientemente ancha, el-Achraf
lanzó al asalto final, pero el peso de las masas de mamelucos
hizo ceder los túneles de las zapas y todo el edificio
se derrumbó, enterrando bajo sus escombros, junto con los
últimos Templarios, a las columnas de asalto. El “Temple
de Jerusalén” tuvo para sus funerales dos mil cadáveres
turcos. |
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Posteriormente,
las demás plazas cristianas serían evacuadas sin
combate. Tiro en mayo, Sidón en julio, Tortosa en agosto
de 1291. Finalmente los Templarios mantendrían hasta 1303
el islote de Ruad, frente a Tortosa. |
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