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A
cinco kilómetros de Santa Elena el pueblo más septentrional
de la provincia de Jaén, junto al paso de Despeñaperros,
existe un paraje donde los restos de armas antiguas son tan abundantes
que durante siglos han surtido a los labriegos de la comarca del
hierro necesario para la fabricación de sus herramientas.
Es el campo de batalla de las Navas de Tolosa.
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La
batalla de las Navas de Tolosa (Jaén) en 1212 supuso la
entrada de los cristianos en el corazón de Al-Andalus conquistando
poco después todo el valle del Guadalquivir. La victoria
de los cristianos aliados (castellanos, navarros, aragoneses y
franceses) contribuiría al derrumbe del imperio almohade
y a la rebelión de los andaluces para liberarse de ellos
con lo que la desunión musulmana facilitaría aún
más la conquista castellana. |
El ejército
cristiano de unos 70.000 hombres comandado por Alfonso VIII de
Castilla, Pedro II de Aragón, Sancho VII de Navarra (faltaba
el rey de León), y los obispos de Narbona, Burdeos y Nantes
con numerosos caballeros franceses partió el 20 de junio
de Toledo pero las jornadas más importantes que vamos a
recordar son las del 15 y 16 de julio.
Pocos conseguirían conciliar
el sueño en los campamentos de las Navas la noche del día
15 de Julio de 1212. Unos y otros contemplarían el parpadeo
de las luces del campamento enemigo mientras esperaban impacientes
la amanecida del día decisivo. |
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Alrededor
de la medianoche estalló el grito de júbilo y de
la confesión en las tiendas cristianas y la voz del pregonero
ordenó que todos se aprestaran para el combate del Señor.
Y así, celebrados los misterios de la Pasión del
Señor y hecha confesión, recibidos los sacramentos,
tomadas las armas, salieron a la batalla campal. |
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Cuando
clareó el día ya se habían desplegado las
fuerzas. En el campo cristiano tres cuerpos de ejército
dispuestos en línea ocupaban la llanura. El central estaba
formado por las tropas de Castilla; a su izquierda, las de Aragón
con Pedro II al frente y a la derecha los navarros de Sancho el
Fuerte. Las dos alas habían sido forzadas con tropas de
varios concejos castellanos. Cada uno de estos cuerpos estaba
a su vez dividido en tres líneas ordenadas en profundidad. |
La
vanguardia del cuerpo central, que sería el eje de la lucha,
iba mandada por el veterano don Diego López de Haro. En
la segunda línea se ordenaban los caballeros templarios,
al mando del Maestre de la Orden, Gómez Ramírez;
los caballeros hospitalarios, los de Uclés y los de Calatrava. |
En la retaguardia
iba Alfonso VIII acompañado por el arzobispo de Toledo
y otra media docena de obispos castellanos y aragoneses y probablemente
también por el arzobispo de Narbona. Los nobles caballeros
y freires de las órdenes militares eran guerreros profesionales
y se hacían acompañar de peones y servidores igualmente
experimentados, pero a las tropas de los concejos, aportadas por
las ciudades castellanas, les faltaba experiencia guerrera y entrenamiento.
Por eso se había dispuesto que combatieran mezcladas con
las tropas profesionales. De este modo la calidad sería
más homogénea y la infantería y la caballería
se prestarían mutuo apoyo. |
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Por su parte los almohades
levantaron en la cima un reducto parecido a un palenque, con los
escriños de las flechas, dentro del cual estaban apostados
infantes escogidos; y allí se sentó su rey teniendo
a su alcance la espada, vistiendo la capa negra que había
pertenecido a Abdelmón, el que dio origen a los almohades,
y además, leyendo el Corán. Por fuera del palenque
había también otras líneas de infantes, algunos
de los cuales, tanto los de dentro como los de fuera, con las
piernas atadas entre ellos para que tuvieran por imposible el
recurso de la huida, soportaban con entereza la cercanía
de la batalla. |
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¿Cuantos
combatientes se enfrentaron en las Navas de Tolosa? Los cronistas
árabes hablan de seiscientos mil combatientes musulmanes
y de una innumerable muchedumbre de cristianos. Los cristianos
se refieren a casi doscientos mil jinetes musulmanes y la consabida
infinita muchedumbre de peones. Modernos estudiosos de la batalla
cifran los efectivos almohades entre 100000 y 150000 combatientes
(probablemente el primer número se más exacto que
el segundo) y los cristianos entre 60000 y 80000. Incluso admitiendo
las cifras más modestas, hemos de reconocer que el choque
debió ser de los más espectaculares y sangrientos
de la historia medieval. |
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