Aquelarre
 
Badajoz - Castillo de Alburquerque
El castillo de Alburquerque conoció al menos cuatro fases constructivas hasta alcanzar el aspecto que hoy en día nos presenta. Dada la importancia estratégica de la villa, situada junto a la frontera con Portugal, contó con una muralla que protegía a la población, y cuyas partes más antiguas son del año 1279. El castillo, que también forma parte de este recinto amurallado, comenzó a construirse en 1276, tal y como nos indica una lápida inserta en uno de sus muros. Lo edificado en esta primera fase constructiva apenas puede apreciarse hoy día, pues las modificaciones posteriores lo ocultan en gran parte. Podemos suponer, sin embargo, que la estructura que tiene actualmente el castillo es básicamente la construida en aquella fecha.
La segunda fase de construcción de la fortaleza corresponde al siglo XV, y concretamente entre los años 1445 y 1453, fechas en las que se edificó la cuadrada torre del homenaje y el puente que se encontraba unido a la torre por un tramo de madera o puente levadizo, hoy en día desaparecido. A partir de 1465 y hasta 1472, conoció el castillo diversas modificaciones que suponen una tercera fase constructiva para el mismo. En estos años se demolieron probablemente las defensas realizadas anteriormente al Oeste de la torre del homenaje, para erigir una torre pentagonal con tres pisos y almenas terminadas en punta. Fue también entonces cuando se abrieron en los muros del castillo troneras de ojo de cerradura invertido, y se edificaron salas abovedadas de ladrillo en el ángulo Nordeste del patio.
Las últimas modificaciones arquitectónicas que conoció Alburquerque se dieron ya en el siglo XVII, cuando la guerra con Portugal obligó a la construcción de baluartes multiangulares que permitieran un mejor uso de la artillería, así como la excavación de un túnel abovedado que gira hacia la entrada principal de la fortaleza.
Situado al Sur de la ciudad, el castillo de Alburquerque se alza sobre un cerro. Esta fortaleza es un excelente ejemplo de arquitectura medieval militar articulada en cuatro recintos, cuyas numerosas puertas y recodos poseían una finalidad concreta, y obligaban al supuesto atacante a que, una vez dentro del castillo, girara siempre hacia su izquierda, logrando con ello que se encontrara en el punto de combate más débil, y hubiera de enfrentarse presentando el lado contrario al del escudo, con lo que disminuirían sus defensas, tanto en caso de ataque desde una de las torres como en la lucha cuerpo a cuerpo.
La primera entrada, que se abre en la muralla más baja, se apoya en torres cuadradas, y por medio de ella, se accede al primer recinto a través de una galería excavada a modo de mina. A su izquierda se eleva un baluarte con torres redondas, junto a la primera de las cuales está la puerta del segundo recinto. La tercera entrada, situada más a la izquierda, cuenta con una torre redonda que, justo frente a ella, la defiende. Por último, y más a la izquierda aún se encuentra la última puerta, abierta en ángulo junto a la torre cuadrada.
Tras esta última puerta se halla la plaza de armas, con una capilla a la derecha y la torre del homenaje al fondo. Esta capilla está dedicada a Nuestra Señora de las Reliquias, posee tres naves y fue edificada en el siglo XIII. Sobre ella existe una terraza que da acceso directo a la mencionada torre, que cuenta con cinco pisos de altura. Esta torre tiene comunicación directa con la albarrana por un puente con arco apuntado que contó, hasta el siglo XV, con una zona levadiza que hoy ya no existe.
Desde su nacimiento la fortaleza de Alburquerque fue una posesión cambiante entre los reinos de Castilla y Portugal. Al noble portugués Alonso Sánchez, debe el castillo su primera edificación. Pasó a manos castellanas en el siglo XIV, cuando jugó un importante papel en las luchas mantenidas entre Pedro I el Cruel y su hermano Enrique de Trastámara. En ese momento, la fortaleza se encontraba en manos de Martín Alonso, quien lo defendió con firmeza para entregarlo a la Corona, una vez llegado al trono castellano Enrique II, quien lo entregó posteriormente en señorío a un hermano de aquél noble, Sancho, al que otorgó también título de conde.
A finales de esta misma centuria, el castillo sufrió un duro asedio del maestre de Avis. En el siglo XV, el castillo fue a parar a manos de don Álvaro de Luna, condestable de Castilla y maestre de la Orden de Santiago, que lo poseyó desde 1445, año en el que también obtuvo las fortalezas vecinas de La Codosera y Azagala. En 1453, a la muerte del condestable, retornó la propiedad del castillo a la Corona de Castilla, cuyo titular en esas fechas, Enrique IV, creó el ducado de Alburquerque para otorgárselo a su privado don Beltrán de la Cueva. Éste también realizó distintas modificaciones arquitectónicas en la fortaleza, sobre todo entre 1465 y 1472.
En el siglo XVII, pasó nuevamente Alburquerque a ocupar un importante papel en las luchas mantenidas con el reino de Portugal, durante las cuales le fueron añadidas defensas propias de la guerra artillera del momento. Posteriormente, en el siglo XIX y durante la Guerra de la Independencia, volvió este castillo a protagonizar hechos de armas, soportando el duro asedio al que le sometieron las tropas francesas, aunque finalmente hubo de rendirse a ellas. Actualmente el castillo se encuentra en buen estado, aunque parte de las murallas que parten de él hacia la población se encuentran derruidas o bajo construcciones modernas.
Según una leyenda epigráfica situada en uno de los muros del castillo, fue Alonso Sánchez el primer constructor del mismo, al tiempo que poseía el señorío de la villa. Hijo bastardo del rey Dionis I de Portugal, contrajo matrimonio con Teresa de Meneses con quien residió en esta fortaleza, a la que se había retirado para impedir que las habladurías sobre su intento de privar del trono de Portugal a su padre, acabaran en una guerra civil contra su hermanastro Alfonso, hijo legítimo del soberano luso e Isabel de Aragón.
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