Aquelarre
 
Barcelona - Castillo de Montjuïc
Con una clara finalidad militar, el castillo de Montjuïc que actualmente contemplamos, comenzó a construirse en el siglo XVIII sobre un castillo anterior que había sido fortificado en 1640, por orden de Felipe IV. Con ello este monarca quiso erigir un punto defensivo como respuesta al estallido de la sublevación contra su persona en Cataluña. Tras su reedificación en el siglo XVIII, el castillo ocupaba un cuadrilátero de más de 100 metros de lado y cortinas de murallas que se extendían en la puerta principal a 69 metros de longitud.
Su perímetro fue ampliado posteriormente durante la Guerra de la Independencia. La guerra civil española también introdujo cambios arquitectónicos en la fortaleza, sobre todo en sus dependencias interiores, totalmente restauradas hoy en día.
Ocupando la cima del Montjuïc, el castillo posee una planta de estrella, con revellín y hornabeque en el frente Sudoeste, delante del que se levanta una construcción más avanzada llamada Lengua de Serpiente. El acceso al primer recinto del castillo se realiza a través de una puerta con rastrillo, por la que se sube al segundo recinto a través de dos rampas abovedadas que sirven de acceso al cuerpo central de la fortaleza, en donde hallamos un torreón cuadrado utilizado como vigía. Posee también un plaza porticada, pabellones, zona residencial para el gobernador de la fortaleza, así como cuarteles, prisiones, polvorín y cisternas para recoger las aguas pluviales.
Sobre esta misma colina estuvo situado el poblado ibérico de Laye, capital de los layetanos. En el siglo III a.C., los romanos construyeron allí una fortaleza que desapareció en tiempos de Augusto. Su nombre: Mont-juïc, (monte de los judíos) o Monte de Júpiter (mons Jovis) es, según algunos, derivación de un enclave judío con una sinagoga situado en la parte más alta del cerro. Esta teoría se ve avalada por los restos arqueológicos encontrados y entre los que se hallan algunos sepulcros con inscripciones hebreas y sánscritas.

La evidente posición estratégica de este cerro ha motivado que el castillo fuera utilizado para defender la ciudad de los ataques externos, sobre todo por mar; aunque también para dominarla en caso de sublevación, tal y como ocurrió en el siglo XVII cuando el antiguo castillo sirvió para bombardear la ciudad de Barcelona. En 1640, al estallar la revuelta de los "segadors", éstos consiguieron apoderarse de la fortaleza, que no pudo recuperar el marqués de Vélez en nombre de Felipe IV. Durante la Guerra de Sucesión, la ciudad de Barcelona se decantó por el Archiduque Carlos de Austria en contra de Felipe de Borbón, que una vez consolidado en el trono, tomó sin problema la fortaleza, que ordenó destruir al tiempo que se erigía en el lado opuesto otra, la de la Ciudadela, para tener a la ciudad cubierta entre dos fuegos.

Fue precisamente a finales de esta centuria cuando el conde de Roncalí convirtió el antiguo castillo de Montjuïc en la fortaleza abaluartada que hoy conocemos. Su historia militar fue a partir de entonces muy intensa, pues desde 1808 hasta 1811 estuvo en poder de los franceses que hubieron de abandonarla. En 1842 la ocupó el general Espartero, que desde esta fortaleza bombardeó la ciudad. Ya a finales de esta misma centuria, los cañones del castillo volvieron a armarse para defender la costa barcelonesa de un posible ataque de las tropas de Estados Unidos tras la crisis del 98. Estos mismos cañones servirán, posteriormente, para defender la ciudad durante la guerra civil de 1936 a 1939. Se encontraba entonces el castillo bajo el mando de la Agrupación de Defensa de Costas, que defendió Barcelona de los posibles ataques de la "flota nacional" desde el mar, contando para ello con baterías antiaéreas.
Su interior se transformó entonces en prisión, actividad que prosiguió a partir de 1939, cuando el ejército de Franco se apodera del castillo y se producen en sus patios fusilamientos de los republicanos prisioneros en él. Hasta el año 1960, Montjuïc era guarnición militar, que trasformó su actividad cuando fue cedido a la ciudad y se instaló en él un Museo del Ejército, con armas antiguas y maquetas de castillos de Cataluña.

Actualmente el castillo forma parte de un conjunto recreativo y cultural muy modificado tras los Juegos Olímpicos celebrados en Barcelona en 1992.

Son lógicamente muy numerosos los personajes que tuvieron relación con el castillo de Montjuïc, dada la importancia histórica de esta fortaleza. Uno de ellos fue el marqués de Vélez, verdadero protagonista de la batalla de Montjuïc cuando, a las órdenes del rey Felipe IV, hubo de cargar contra los insurrectos de Barcelona en enero de 1641. Una mala planificación de la batalla obligó a la retirada del ejército real, mientras los rebeldes permanecían atrincherados en Montjuïc bajo el mando de Tamarit y D'Aubigny. Cuando este castillo se convirtió en fortaleza-prisión, ya en el siglo XIX, fueron muchos los fusilados en sus patios.
Entre ellos los anarquistas catalanes acusados de la colocación de una bomba en las calles de Barcelona en 1896. Siguió siendo Montjuïc escenario de fusilamientos durante la guerra civil española de 1936, así como durante la postguerra. Uno de los personajes más relevantes de la historia de Cataluña que murió ajusticiado en él fue Lluis Companys, que había ocupado la presidencia de la Generalidad y conseguido pasar a Francia, junto con otros republicanos, al final de la contienda. Fue detenido en París por la Gestapo y trasladado a España, donde se le aplicó un juicio sumarísimo y se le sentenció a muerte.
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