Aquelarre
 
Cáceres - Castillo de Jarandilla

Las obras para la construcción del castillo de Jarandilla comenzaron a finales del siglo XIV, prolongándose hasta la centuria siguiente, de ahí que algunos de sus elementos nos recuerden más a los castillos-palacio utilizados como residencia familiar que a las fortalezas militares propiamente dichas.

Se sitúa este castillo sobre un altozano desde el que domina la villa. En realidad más que castillo se trata de un palacio fortificado del mismo estilo que los construidos en otras localidades extremeñas a finales de la Edad Media, pues en sus zonas de edificación más primitivas hay claras muestras del estilo gótico. Se asienta el castillo sobre un espacio rectangular y de grandes dimensiones.

El recinto exterior está flanqueado por cuatro torres cilíndricas en los ángulos, y en medio de dos cubos más pequeños, algo salientes del plano, se abre la puerta de acceso a la fortaleza. Ésta conduce a un extenso patio interior, también de forma cuadrada, en el que se levantan las principales edificaciones del castillo y donde aún se conserva una fuente gótica. En este núcleo interior, tres de sus lados están constituidos por otras tantas crujías, y el cuarto por una muralla en la que se abre la puerta de entrada a un patio más interior.
En dos de las esquinas de este nuevo rectángulo se levantan dos torres cilíndricas, y en los restantes ángulos, dos torres cuadradas de mayores dimensiones que las anteriores. Toda la construcción del castillo es de mampostería, poseyendo las torres cuadradas una cornisa de matacanes corridos.

La denominación de Jarandilla, diminutivo de Jaranda, quizá sea un topónimo de origen árabe, lo que nos habla de la posibilidad de que esta villa fuera fundada por los musulmanes. Las fuentes, sin embargo, nada nos aclaran sobre ello, pues comienzan a hablar de Jarandilla a partir del año 1178, cuando Alfonso VIII realizó una repoblación en esta zona, sin especificarnos si existía con anterioridad un núcleo poblacional en este mismo lugar.

Parece ser que el castillo de Jarandilla, del que no sabemos muy bien su origen, fue propiedad de los caballeros de la Orden del Temple y más tarde convertido en la actual iglesia parroquial de Santa María de la Torre, denominación que nos informa sobre sus orígenes como fortaleza. El actual castillo, anexo a la iglesia y de construcción posterior, pasó a la Corona de Castilla y después, en 1359, al maestre de la Orden de Santiago, García Álvarez de Toledo, a cuya familia perteneció hasta bien entrado el siglo XVI.

Abandonado durante años, en el siglo XVII aún conservaba su imponente aspecto exterior, que fue deteriorándose tras la Guerra de la Independencia, en que fue atacado. Actualmente ha sido restaurado y se le han añadido algunos cuerpos constructivos para ampliar su capacidad hotelera como Parador de Turismo.

Uno de los personajes históricos más importantes que residió en el castillo de Jarandilla fue el Emperador Carlos V. Tan sólo fueron unos meses, de noviembre de 1556 a febrero de 1557, los que habitó el castillo, mientras terminaba la edificación de las habitaciones reales proyectadas en el monasterio de Yuste, donde se retiró. Volvió en distintas ocasiones a este castillo, en donde se alojaba siempre en las mismas estancias, que aún hoy se conservan y poseen un bello mirador.

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