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Como
dijo aquel, no podemos pensar en los castillos hoy día sino
como seres vivos que no mueren nunca. Y no los podemos considerar
sólo como meros edificios: con murallas, torres, almenas...
Los
castillos han sido escenarios llenos de vida, lugares de encuentro
entre hombres de guerra y oración. Allí se dictaron
órdenes, se convocaron juntas, se celebraron ceremonias religiosas,
acuerdos políticos, brotó el amor y surgió
la leyenda...
Y aún en nuestros días, muestran su influencia en
el paisaje a lo largo de la geografía y en la vida de los
que le rodean. Por todo esto podemos concluir que: los castillos
tienen vida propia.
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