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Castellón
- Castillo de Morella |
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En
el Alto Maestrazgo, terreno abrupto y sobresaltos en las
perspectivas y que le da al escenario una expresión
ideal para drama rural. A la derecha del río Bergantes,
en la carretera de Zaragoza a Castellón, y en el
mismo corazón del Maestrazgo. Allí, sobre
una pirámide truncada se levanta una peña
cilíndrica y puede verse el castillo de Morella y
la amurallada villa que hasta él repta.
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Impresionan
extraordinariamente los robustos y antiquísimos muros
de la urbe, flanqueados por torrecillas y castillejos, levantados
por orden del rey Pedro IV de Aragón en el año
1358. Morella parece una ciudad prisionera en inaccesible
fortaleza. Al penetrar en su recinto, creemos entrar en lugar
de la Edad Media. Las casas altas, apiñadas, de antigua
construcción e irregular arquitectura, con salientes
balcones de madera y anchos aleros en los negruzcos tejados,
forman un conjunto original y pintoresco. |
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La
fortaleza se compone de dos cuerpos que la dividen en dos
plazas como si fuera una vasta ciudadela circular. Dieciocho
metros tiene el muro o escarpa de la primera plaza; sobre
ella, una especie de azotea, se levantan lienzos con troneras,
de tal espesor, que en ellos pudieron abrirse almacenes para
los comestibles y combustibles, depósitos para las
municiones y cuarteles para las tropas. |
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A
doce metros, sobre los muros aludidos, se alza la segunda
plaza, con lienzos igualmente verticales en absoluto de saeteras
y almenería, dentro de los cuales pueden recorrerse
acuartelamientos hasta para quinientos hombres. Todo el castillo
queda rodeado de precipicios sugeridores del vértigo.
La única entrada accesible es por una rampa, al final
de la cual, en una grieta o cavado del peñón,
está el Hacho, mazmorra de pesadilla a la que eran
arrojados los prisioneros de guerra, los mártires de
política y los perturbados de pasión. |
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Contribuyen
a hacer del castillo de Morella una fortaleza casi inexpugnable,
aparte de la traición o la negligencia, el murado de
nueve metros de altura y dos kilómetros y medio de
perímetro, que, saliendo de él, recogía
a toda la villa. Murallas perforadas por cuatro enormes puertas:
la de los Estudios, sobre cuyo arco se ve el triple escudo
de la casa de Aragón; la de San Mateo, que presenta
el escudo de la ciudad y un Cristo románico de piedra;
la de Forcall, bajo la sugestión de otro Cristo de
la misma época y los escudos local y aragonés;
la de San Miguel, defendida por dos torreones octógonos
enlazados por una cortina central y por una presa de matacán
sobre el dintel. Murallas flanqueadas por catorce torreones
con castillejos de almenas y matacanes. |
De
la vida del castillo se tiene noticia con las crónicas
musulmanas, pese a las referencias que hacen ciertos cronistas
de las fortificaciones del año 180 y del mandato de
Witiza (año 706), para destruir los muros del castro
romano. La plaza de Morella cayó, sin embargo, a manos
musulmanas con fecha de 714. Y en las luchas del Cid y del
valí de Zaragoza contra Sancho Ramírez de Aragón,
y el valí de Denia, Morella se puso al servicio de
aquellos y aun cuando las crónicas castellanas dan
como vencedor al Cid, fue cierto que Sancho Ramírez
se apoderó del castillo y lanzó por las vertientes,
hacia la villa sembrada de gemidos y recuperada de presagios,
hasta la última gota de la sangre de los defensores. |
Siglo
y medio después, decidido Jaime I a conquistar Valencia,
permitió a su mayordomo, don Blasco de Aragón,
que formase avanzadilla e hiciese suyas cuantas plazas arrebatase
a los árabes. Por sorpresa (año 1232) entró
en Morella. De noche, guiado por la luz verde de un traidor,
que le abría el portillo de Jerrisa. Pero poco tiempo
le duró la conquista al de Aragón. Sin miedo
espiritual a su palabra de honor rota, Jaime I, convencido
de la importancia de la ciudadela, exigió al magnate
su entrega, juntamente con la de la villa, a trueque de unas
mercedes cortas y desmedradas. |
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En
1332, Alfonso IV se los cedió al infante Don Fernando;
cesión revocada a reclamación de Guillén
de Vinatea. Segura y Barranea, autor de una historia local
publicada en Morella en el año 1868, cuenta cómo
(año de 1414) coincidieron en el castillo con un santo:
Vicente Ferrer; un pontífice: Benedicto XIII, y un
rey: Don Fernando de Antequera. |
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Durante
la guerra de las Germanías, Morella permaneció
fiel al emperador y fiel a Felipe V durante las luchas de
Sucesión, en las que el bayle Berenguer de Ciurana
logró –batalla de Almenara- el trofeo, para escudo
local, de los tres cañones tomados al enemigo (cañones
fundidos para hacer una campana, que, durante muchos años,
se han disputado la torre de la iglesia arciprestal y la torre
Zeloquia de la fortaleza).
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