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Castellón
- Castillo de Peñíscola |
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Podemos
distinguir en Peñíscola distintas fases constructivas.
La más antigua, la románica, dataría
del siglo XI. La segunda (de los siglos XII al XV) sería
llevada a cabo por los Templarios y por los miembros de
las órdenes de San Juan y Montesa. En el siglo XVI,
y estando el castillo en poder del rey Felipe II, se realizan
nuevas mejoras en el castillo, como la construcción
de baluartes que, realizados en 1578, poseen una puerta
de acceso posiblemente realizada por Juan de Herrera. Es
en estos años también, cuando se erige la
muralla que rodea toda la villa bajo las órdenes
de Bautista Antonelli. La última fase constructiva
del castillo de Peñíscola comenzaría
en el siglo XVIII, tras la Guerra de Sucesión. Quizá
como dato anecdótico convendría precisar que
las murallas más altas que hoy día rodean
al castillo, fueron realizadas en 1961 para dotar a toda
la fortaleza de un aspecto más imponente cuando se
rodaba en ella la producción cinematográfica
"El Cid".
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Situado
en un istmo entre dos ensenadas, el castillo de Peñíscola,
construido sobre un peñón, se nos aparece como
una fortaleza múltiple: un castillo dentro de otro
que se alza en el interior de una villa amurallada que da
al mar. Destaca en todo el conjunto la torre del homenaje,
denominada del Papa Luna. De planta cuadrada, posee en el
interior una escalera (en cuya puerta se halla el escudo de
Benedicto XIII) que baja hasta una galería subterránea
de época romana que conduce al mar y a la que las leyendas
atribuyen una mayor antigüedad, emparentándola
con el general cartaginés Aníbal, que la realizó
en una sola noche. |
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En
el siglo XII, los musulmanes construyeron un puesto fortificado
en donde hoy se alza el castillo. La citada fortaleza fue
tomada por Jaime I el Conquistador, que donó la plaza
a Arnaldo de Cardona. Pocos años después, la
propiedad del castillo vuelve a la Corona, cuyo titular, Jaime
II, lo cambia a los Templarios por la ciudad de Tortosa. Cuando
la Orden se extinguió en 1307, la posesión del
castillo volvió a la Corona hasta 1311, en que tras
el Concilio de Viena, los caballeros de la Orden de Montesa
lo habitaron durante algunos años, cediéndolo
más tarde a Benedicto XIII, el Papa Luna, quien establece
en él su residencia.
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A su
muerte el castillo pasa, por expreso deseo del ex-pontífice,
a la Santa Sede, institución a la que Alfonso V acude
para que le sea devuelta la propiedad de un castillo que
es rápidamente vendido a la Orden de Montesa por
150.000 sueldos, utilizados en las campañas catalanas
en Italia. Fue con Fernando el Católico, cuando la
fortaleza volvió a manos de la Corona, adquiriendo
durante el reinado de Felipe II (1578) una nueva fisonomía
arquitectónica. Ya en el siglo XVIII, y durante la
Guerra de Sucesión, el castillo de Peñíscola
se mantuvo fiel a Felipe V de Borbón, que recompensó
a la villa por ello otorgándole el título
de "Fidelísima".
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Su
destrucción fue evidente a raíz de la Guerra
de la Independencia, cuando sus muros y torres soportaron
más de 6.000 mil bombas y 70.000 balas de cañón,
en un intento de las tropas francesas de tomar la fortaleza.
Sin embargo, poco duró en las manos del general francés
Suchet, ya que tras el ataque del general Elío, atravesando
los subterráneos del castillo, Peñíscola
volvió a pasar a poder de los españoles. A principios
del siglo XX, el castillo fue restaurado, al tiempo que se
habilitaban sus aposentos para albergar el Instituto de Estudios
"Castillo de Peñíscola", bajo la dirección
de la Universidad de Valencia, y parte de sus estancias eran
dedicadas a un museo local.
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Indudablemente el personaje más relacionado
con el castillo de Peñíscola fue el pontífice
Benedicto XIII (1328-1424), conocido como el Papa Luna,
y que al final de su vida y residiendo en este castillo,
lo convirtió en obligado punto de referencia de la
política de la Iglesia y los reinos hispanos. Bautizado
como Pedro Martínez de Luna, nació en el castillo
de Illueca (Zaragoza), llegando al solio pontificio tras
la muerte de Clemente VII en 1394, y por elección
de los cardenales residentes en Aviñón. Fue
uno de los protagonistas del llamado Cisma de Occidente
que dividió a la cristiandad europea entre la obediencia
al pontífice de Roma y al de Aviñón.
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El Concilio de Constanza (1414-1418) puso fin al conflicto
declarando anti-papa a Benedicto XIII que, no satisfecho con
esta decisión, se refugió, temiendo por su vida,
en su castillo de Peñíscola. Desde este lugar,
y a pesar de estar aislado política y eclesiásticamente,
siguió rigiendo un pequeño colegio de cardenales
que le son afectos. El nuevo Papa, Martín V, trató
por todos los medios de acabar con esta situación,
primero por la vía militar, que fracasa, y más
tarde intentando, a través de un cardenal, envenenar
a Benedicto XIII. Todo parece inútil. El ex-pontífice,
reunido en Peñíscola, nombra cardenales a sus
más íntimos colaboradores, esperando que tras
su muerte, acaecida en 1424, defiendan su causa de pontífice
legítimo de toda la Cristiandad.
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