Aquelarre
 
Córdoba - Castillo de Almodóvar del Río
El castillo de Almodóvar del Río que actualmente contemplamos, conoció distintas fases constructivas que se corresponden con los asentamientos romano, musulmán y cristiano de la zona. La más antigua (siglo VIII) del castillo se corresponde con la posesión de la zona por las tropas musulmanas que construyeron en este lugar un alcázar del que aún quedan restos bajo la obra del siglo XIII. De esta fecha data la mayor parte del castillo de Almodóvar del Río que actualmente se conserva y que comenzó a construirse tras la conquista cristiana de Córdoba.
Situado sobre un pedestal de roca de más de 70 metros de altitud, desde el que domina la villa y el río Guadalquivir, el castillo de Almodóvar del Río conjuga elementos islámicos y cristianos, demostrándonos con ello los distintos gustos artísticos de sus sucesivos moradores. Este castillo, denominado por los musulmanes "Hins-modovvar", comenzó a construirse en el siglo XIII tras la reconquista de Córdoba por las tropas de Fernando III, el Santo. Reedificado, por tanto, en estas fechas, sus elementos arquitectónicos musulmanes han desaparecido en su mayor parte, aunque aún pueden contemplarse parte de los fechados en el siglo VIII.
El castillo en sí consta de tres cuerpos. El inferior se encuentra destinado a mazmorras, y posee la planta característica de los castillos construidos durante la reconquista andaluza: una gran plaza de armas, flanqueada por torres defensivas y lienzos de muralla que la circundan, así como una torre de homenaje. Ésta, con más de 20 metros de altura, domina visiblemente el conjunto.
Las excavaciones realizadas en la plaza de armas han sacado a la luz dos aljibes para recoger agua de lluvia. De ellos han podido extraerse restos romanos, visigodos e islámicos, que nos hablan de los pobladores de la fortaleza con anterioridad a su reedificación por los castellanos. Las torres que bordean el castillo, restauradas en el presente siglo, nos hablan también de los gustos arquitectónicos de sus sucesivos moradores. Las principales de ellas reciben los nombres de Torre del Moro, Torre Cuadrada, Torre de la Escucha (de traza islámica) y la Redonda, de factura visigoda. Todas ellas han sido recientemente restauradas.
La zona donde se asienta el castillo de Almodóvar del Río conoció, desde época muy temprana, un poblamiento permanente, tal y como atestiguan los restos arqueológicos hallados en ella. Quizá debido a lo estratégico de su posición, los romanos edificaron en este lugar un castro, que posteriormente fue habitado por los visigodos. El asentamiento de los musulmanes en la zona de Córdoba a partir del siglo VIII, se dejó notar también en la zona de Almodóvar del Río, en donde construyeron una fortaleza.
A ella decidió dirigirse, cinco siglos después, el rey de Baeza, Aben Muhammad, cuando huía de sus propios aliados musulmanes que deseaban vengarse por la entrega de otros castillos cordobeses al rey castellano Fernando III. Sin embargo, Aben Muhammad no llegó nunca al castillo de Almodóvar del Río, pues sus perseguidores le dieron alcance en sus inmediaciones, decapitándolo en castigo por su traición. Cuando el ejército cristiano tomó, en el siglo XIII, esta zona cordobesa, la alcazaba musulmana fue sustituida por el castillo que ahora conocemos, el cual, a causa de su importancia estratégica, fue considerado, hasta el siglo XVII como propiedad real.
Durante la guerra civil castellana (siglo XIV) que enfrentó al rey Pedro I el Cruel con su hermanastro Enrique de Trastámara, el castillo de Almodóvar del Río sirvió de improvisada cárcel para muchos nobles enfrentados con el soberano legítimo. Entre ellos se encontraban miembros de la nobleza castellana que apoyaron a Enrique de Trastámara en su lucha por la Corona.
Pedro I de Castilla ordenó el encarcelamiento de su cuñada a la que retuvo en el castillo acusada de traición, y a quien más tarde trasladó a Sevilla para su ajusticiamiento. Posteriormente, este mismo soberano utilizó el castillo como fortaleza segura en la que albergar sus tesoros. Durante el siglo XV, el castillo de Almodóvar del Río volvió a ser utilizado como cárcel, pues el rey castellano Enrique III encerró en él a su tío don Fadrique, duque de Benavente que falleció en las mazmorras de esta fortaleza en 1440, reinando ya en Castilla Juan II. Don Álvaro de Luna, privado de este último monarca, también eligió este castillo para encerrar en él a sus enemigos, entre ellos el señor de Luque.
Durante las revueltas cordobesas ocurridas a raíz de los enfrentamientos entre el rey castellano Enrique IV y su hermano Alfonso, el castillo de Almodóvar del Río dejó de ser propiedad real, para pasar a manos del señor de Cabra, que lo había tomado al asalto. Retornó, tras estos acontecimientos, a la Corona de Castilla, cuyo soberano ejercía la alcaidía de honor del castillo. Aunque siglos después, en 1639, pasaría a manos particulares. En ese año, Francisco Corral y Guzmán, caballero de la Orden de Santiago, lo adquirió por millón y medio de maravedís que entregó al rey Felipe IV. Ya a comienzos de siglo XX, el castillo ha sido objeto de una esmerada restauración a costa de su propietario, el conde de Torralba. Sus estancias interiores pueden ser visitadas por el público todos los días, en grupos y con visita guiada.
El castillo de Almodóvar del Río fue, a lo largo de su historia, utilizado como fortaleza defensiva frente al avance reconquistador cristiano y posteriormente, como prisión cuando, en el siglo XIII, el ejército castellano tomó sus torres. Entre sus paredes, por tanto, fueron muchos los insignes visitantes que se vieron privados de libertad. Tal fue el caso de doña Juana de Lara, hija de don Juan Núñez y señora de Vizcaya. Contrajo matrimonio con el Infante don Tello, hijo de Alfonso XI y de doña Leonor de Guzmán, por lo que se vio inmersa en las luchas dinásticas que estallaron tras la muerte de Alfonso XI y la llegada al trono de su único hijo legítimo Pedro I.
Don Tello, apoyando la candidatura de su hermano Enrique de Trastámara, hijo natural del mismo Alfonso XI, se rebeló contra el legítimo rey de Castilla, Pedro I, el Cruel. Éste, deseando minar el férreo frente nobiliario formado por sus hermanastros, decidió el encarcelamiento de su cuñada, doña Juana, para dividir al partido que apoyaba a Enrique de Trastámara en su lucha por la corona castellana. Las primeras victorias de Pedro I, hicieron al Infante don Tello cambiar de bando y posteriormente huir a Francia, ante la venganza del rey que determinó ajusticiar a sus hermanos.
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