Aquelarre
 
Gudalajara - Castillo de Jadraque
En el lugar en donde hoy se alza el castillo hubo, en la temprana Edad Media, una atalaya musulmana denominada por sus moradores "Chadaraque" y de la que hoy no se conservan restos, ya que el castillo que hoy contemplamos es enteramente obra del tercer tercio del siglo XV. Actualmente se encuentra reconstruido gracias a la iniciativa municipal.
Sobre un elevado cerro desde el que se dominan varios kilómetros de la vega del Henares y la cordillera Carpetana, se alza el castillo de Jadraque. Posee una planta muy alargada y rectangular de grandes dimensiones, y en sus muros cuatro torreones cilíndricos y uno rectangular. No cuenta con una torre del homenaje, ya que la avanzada fecha de su edificación, cuando la artillería era el arma ofensiva más utilizada, no recomendaba la construcción de ninguna torre que destacara del resto del conjunto, pues sería un blanco perfecto.
Desde el punto de vista defensivo, toda la fortaleza está rodeada por una achatada barrera de piedra que, paralela a los muros del castillo, conforma un pasillo desde el que se situaría la artillería. Interiormente, el castillo de Jadraque posee dos zonas diferenciadas: la militar y la de residencia señorial, separadas ambas por un patio.
El cerro sobre el que se alza el castillo de Jadraque, definido por Ortega y Gasset como "el más perfecto del mundo", debió contar en época islámica con un punto fortificado dado lo estratégico de su situación. Históricamente también es conocida como la fortaleza del Cid, ya que según las leyendas, fue Rodrigo Díaz de Vivar el conquistador de esta plaza cuando se hallaba en manos musulmanas. La fortaleza que hoy se alza en Jadraque es, sin embargo, de finales del siglo XV, fecha en la que el cardenal don Pedro González de Mendoza ordenará la edificación del castillo-palacio.
Éste fue heredado por su hijo, Rodrigo, marqués de Cenete. A raíz del matrimonio de la hija de éste con el duque del Infantado, el castillo pasó a ser propiedad de esta familia hasta el siglo XIX, en la que extinguida ya, pasó a la Casa de Osuna. En 1889, y dado su estado ruinoso, el municipio de la villa de Jadraque lo adquirió, en pública subasta, por el irrisorio precio de 300 pesetas, procediendo a su inmediata restauración.
El castillo de Jadraque se encuentra íntimamente relacionado con el Cardenal don Pedro González de Mendoza (1428-1495). Hábil político, prelado insigne y consejero de los Reyes Católicos, realizó en 1469 un trueque con el arzobispo de Toledo, don Alfonso Carrillo, propietario de Jadraque en estas fechas, quizá con la intención de redondear sus señoríos en Guadalajara y crear un patrimonio territorial que legar a sus hijos. Por medio del acuerdo entre ambos, el cardenal Mendoza promete entregar a Carrillo la villa y fortaleza de Maqueda, así como la alcaldía mayor de Toledo.
Alfonso Carrillo, por su parte, le entrega las denominadas fortalezas del Cid (hoy conocida como castillo de Jadraque) y de Alcorlo, junto con la villa de Jadraque y la tierra de Alcorlo. Las negociaciones entre ambos no fueron fáciles, dada la dificultad de valoración de ambos lotes. Una vez en posesión del castillo y la villa de Jadraque, el cardenal Mendoza realiza, en 1489, una donación a favor de su hijo Rodrigo, marqués de Cenete, propietario de ambos lugares desde ese momento.
Residió en Jadraque don Rodrigo de Mendoza a partir de1506, cuando ya estaba casado en segundas nupcias con doña María de Fonseca. En este mismo castillo nació la hija de ambos, doña Mencia de Mendoza, condesa de Nassau por matrimonio. También ella residió en el castillo de Jadraque una vez que quedó viuda en 1533.
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