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Guadalajara
- Castillo de Anguix |
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En
el castillo de Anguix se pueden distinguir dos fases de
construcción: una del siglo XII, de la que apenas
quedan restos; y otra de los siglos XIV y XV, fecha esta
última a la que pertenece su torre del homenaje.
Claro
ejemplo de castillo roquero y torrejón, Anguix se
erige en un arisco peñasco sobre el cauce del río
Tajo. La planta del castillo, de pequeñas dimensiones,
es irregular dada su adaptación al difícil
terreno sobre el que se eleva. Los muros, construidos en
mampostería recubierta de sillares calizos con más
de un metro de espesor, se ven reforzados en las esquinas
por cubos macizos que, arquitectónicamente, hacen
las veces de contrafuerte.
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Un arco
rebajado, muy propio del siglo XV, destaca en la puerta
de ingreso a la fortaleza; pero lo más relevante
de ella es su torre del homenaje situada en el ángulo
Sudoeste del recinto. Exteriormente posee cuatro garitones,
de los cuales tres llegan hasta el suelo, así como
amplios ventanales.
Su acceso
está situado a cuatro metros del suelo para evitar,
en caso de peligro, un ataque directo a sus estancias interiores.
Tiene tres plantas, de las cuales la inferior estuvo destinada
a mazmorras, y conserva restos de una escalera en forma
de caracol que permitía el acceso a la zona superior,
que posiblemente estuviera almenada.
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Históricamente
la fortaleza de Anguix se encuentra muy relacionada con el
territorio que la circunda. Perteneció éste,
en el siglo XII, al caballero de Toledo Martín Ordóñez,
por donación del rey Alfonso VII. Erigió en
este lugar una fortaleza alrededor de 1136 que tras su fallecimiento
fue entregada por su viuda, Sancha Martínez, a la Orden
de Calatrava, que de esta forma redondeaba sus propiedades
en la zona.
Durante
el siglo XIV el castillo perteneció a la villa de Huete
y fue entregado por el rey castellano Alfonso XI a su caballero
Alfón Martínez, cuyo hijo contrajo matrimonio
con una descendiente de la poderosa familia Carrillo, a la
que perteneció la fortaleza hasta el siglo XV. Fue
entonces cuando nuevamente en manos de la Corona castellana,
el castillo acabó en manos de Lope Vázquez de
Acuña, quien lo vendió en 1484 al conde de Tendilla,
Íñigo López de Mendoza. |
El
paso del tiempo deterioró considerablemente sus muros,
que fueron casi destruidos durante la Guerra de Sucesión,
ya que fue tomado por las tropas austriacas. Éstas
decidieron abandonarlo ante la presión del ejército
borbónico, no sin antes dinamitarlo para evitar su
posesión por parte del enemigo. En 1847 pasó
a manos particulares por compra de todo el territorio que
lo circunda, hallándose actualmente en la misma situación.
Uno
de los personajes que durante más tiempo habitó
el castillo de Anguix fue, sin duda, Íñigo
López de Mendoza (1435-1515). Poseedor del título
de conde de Tendilla, adquirió la fortaleza por compra
en 1484. Su finalidad era redondear sus posesiones en torno
al río Tajo y sus afluentes, conformando así
un gran señorío territorial, que le permitió
lograr una importante posición social y ocupar altos
puestos en la Corte de los Reyes Católicos, como
embajador en Roma y comandante de las tropas que tomaron
Granada en 1492. Sus herederos recibieron, más tarde,
el título de marqueses de Mondéjar.
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