Aquelarre
 
Huesca - Castillo de Monzón

Existen grandes dificultades a la hora de fechar con exactitud el comienzo de la construcción del castillo de Monzón, ya que en él hallamos distintas fases constructivas que pertenecen a distintas épocas artísticas. Así hallamos, en todo el conjunto, restos romanos, musulmanes y cristianos, estos últimos fechados a partir del siglo XI. Ha sido reconstruido en distintas ocasiones, siendo sus muros levantados de nuevo durante los siglos XVIII y XIX, en los cuales se ampliaron sus posibilidades defensivas.

En una escarpada colina a más de 130 metros sobre el cauce del río Cinca, se yergue la fortaleza del castillo de Monzón. Se encuentra construido sobre una antigua atalaya fortificada musulmana que, a su vez, ocupó el emplazamiento de un castro romano preexistente. Protegido por un foso de 3 metros de profundidad, que se atraviesa por medio de un puente levadizo, el castillo es un ejemplo de fortaleza defensiva con sus potentes muros de ladrillo, de 2 metros de espesor. El castillo de Monzón, cuya entrada se halla en el ángulo Sureste del conjunto, está compuesto por varios edificios independientes. De ellos, la capilla es el más interesante. De una sola nave, cubierta con bóveda de cañón apuntado, termina en un ábside iluminado por una ventana semicircular.

También actuó la capilla como torreón defensivo, cumpliendo así una doble función, militar y religiosa, propia de los edificios pertenecientes a una Orden militar. La torre del homenaje, de planta cuadrada, posee un aparejo de sillería que en sus entrepaños distingue cantos rodados colocados en forma de espina de pez, al modo romano, lo cual nos habla de que su construcción ha de ser forzosamente anterior a la ocupación de los Templarios. La Torre de Jaime I (así denominada por haber residido en ella el monarca en su infancia) es de planta trapezoidal, con dos pisos y ventanas semicirculares. Muy cerca de ella se encuentra la Torre de las Dependencias de aspecto ancho y robusto, con una chimenea que pudo servir como salida de humos de una cocina.

La zona en donde se alza el castillo de Monzón fue ya habitada desde tiempos romanos, en los que se construyó un castro, más tarde sepultado bajo una fortificación musulmana denominada "Monçones", de donde derivaría su nombre actual de Monzón. Fue Pedro I quien lo reconquistó en el 1089 y pobló su villa. Alfonso VII, el Batallador en su testamento, dejó el castillo en manos de la Orden del Temple, que lo convirtió en su principal encomienda dentro del Reino de Aragón. Posteriormente sirvió de residencia temporal, hasta la mayoría de edad de Jaime I el Conquistador, rey de Aragón. Jaime II atacó sus muros, en 1306, con el fin de expulsar a los últimos caballeros Templarios que, dirigidos por Bartolomé de Bellvis, se negaban a abandonarlo.

Pero el castillo de Monzón no sólo ha tenido relevancia histórica desde el punto de vista bélico, sino también político, pues en sus dependencias se celebraron, en numerosas ocasiones, sesiones de Cortes y tratados entre reinos, sobre todo durante los siglos XIV y XV, siglos en los que su importancia política fue tal que llegó a ser conocido como Monzón de las Cortes. En marzo de 1366, se reunieron en el castillo de Monzón, el rey Pedro IV de Aragón y Enrique de Trastámara, hermanastro de Pedro I el Cruel, y aspirante a la Corona castellana, con el fin de combatir al soberano de Castilla.
Perteneció posteriormente el castillo, y hasta el siglo XVIII, a la Orden de Jerusalén, siendo ocupado en la centuria siguiente por las tropas francesas que invadieron la península. En 1814, y tras un duro asedio de más de un año, el castillo de Monzón pasó nuevamente a manos españolas, gracias a la acción militar del general Mina. Estuvo también ocupado militarmente durante la guerra civil, tras la cual fue declarado Monumento Nacional y se procedió a su restauración.
Íntimamente relacionado con el castillo de Monzón se encuentra el monarca aragonés Jaime I (1208-1276). Hijo de Pedro II y de María de Montpellier, fue trasladado al castillo de Monzón a raíz de la temprana muerte de sus padres, y como cumplimiento con el legado y testamento materno. Conforme a éste, el futuro Jaime I, aún un niño de corta edad, fue confiado para su educación al maestre de la Orden del Temple, Guillermo de Montredó. Para algunos autores, el pequeño rey estuvo aquí en calidad de prisionero, hasta los nueve años de edad. Sin embargo, no existen documentos fiables que puedan asegurar que durante su estancia estuvo privado de libertad.
[Descargar imágenes][Volver atrás]