Aquelarre
 
Málaga - Castillo de Gibralfaro

Fue el año 787, en tiempos de Abderramán I, el que vio nacer a este castillo de la ciudadela de Gibralfaro, al este de Málaga.

En su origen, este castillo debió tener dos cuerpos: un recinto exterior hecho de ladrillo y otro interior, la alcazaba, con almenas y rasgadas saeteras (aberturas en el muro para disparar por ellas) donde se va apuntando ya el arco de herradura.

Entre estos dos recintos, fosos, salvados por puentes de cáñamo.

Posteriormente se vería fortificado y aumentado, convirtiéndose en una fortaleza prácticamente inexpugnable que viviría sus tiempos de gloria a lo largo del siglo XI.

Espectaculares resultan su torre de 17 metros de alto y su pozo abierto en la roca viva, de 30 metros de profundidad y que surtía a más de 5.000 hombres.

Cuenta la leyenda, que Almotadhid (rey de Sevilla), antes de morir, transmitió a su hijo Mohammed su deseo de conquistar Málaga, la “soñada”. Para ello, Mohammed conspiró con el lugarteniente de Badis Ben Habbus, rey de Granada, que en ese momento dominaba Málaga. Con esta traición, no le fue difícil a Mohammed entrar arrasando en Málaga y, viéndose sorprendidos, tuvieron que huir los partidarios de Badis Ben Habbus al castillo de Gibralfaro.
Adormecido por su éxito y engreído con su victoria fácil, Mohammed no hizo caso a las voces que le indicaban que debía acabar de inmediato con los refugiados que aún permanecían en el castillo. Y cuando todo parecía perdido para los partidarios del rey de Granada hallaron una última esperanza.

Recordaron que en castillo se guardaban palomas mensajeras y no dudaron en enviarlas pidiendo ayuda a su rey. Siendo así que las palomas regresaron sin dificultades a su palomar del palacio de Granada, el rey Badis Ben Habbus se sintió tremendamente furioso por la noticia. Cargó por sorpresa sobre las relajadas tropas de Mohammed y las castigó cruelmente, enterrando vivos a lo más culpables.
Cuarenta días, 200 soldados y 100 caballeros emplearían los Reyes Católicos en conquistar este castillo. Par celebrarlo, concedieron armas a la nueva ciudad y un nuevo escudo heráldico con la silueta de Giabralfaro.

Hoy día se conservan los dos recintos, parte de la torre vigía y el camino de ronda.

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