Aquelarre
 
Orense - Castillo de Monterrey

Su actual apariencia es el resultado de distintas fases de construcción que, superpuestas, le han conferido la apariencia que hoy contemplamos. El núcleo de la construcción primitiva, en donde se conserva aún la robusta torre del homenaje, fechada en torno a 1474, estuvo cercado por sus lados Norte y Este. Junto a una puerta gótica decorada con blasones en piedra, la capilla y el patio de armas conforman la totalidad de la construcción original de finales del siglo XV.

La galería de arcos que embellece una de las fachadas principales es posterior, probablemente del siglo XVI, fecha en la que se procedió a una completa restauración del castillo que le dotó de la apariencia palaciega que aún hoy conserva.
El conocido como castillo-palacio de Monterrey se encuentra situado sobre una elevada roca junto a la localidad de Verín. Se trata en realidad de un complejo fortificado que reúne en su recinto distintas edificaciones militares, religiosas y palaciegas. Tres son los recintos que presenta y seis las puertas de acceso al núcleo principal. El castillo propiamente dicho se encuentra en el punto más alto del monte, rodeado por un recinto cuyo lado Este ha desaparecido.

Curiosamente Monterrey cuenta con dos torres del homenaje: la más antigua, construida probablemente por Juan de Zúñiga en 1474, tiene una planta cuadrada y está coronada por un friso de matacanes; la otra, denominada de las Damas, fue edificada en torno a 1482 en la zona Norte del recinto, es también cuadrada y cuenta con pequeñas garitas en sus esquinas. Forma parte de una segunda zona del castillo muy modificada la centuria siguiente cuando se dotó a todo el conjunto de un aspecto más palaciego.
Pero dentro del recinto existen otros edificios, cuyos restos nos ilustran sobre el aspecto que debió tener Monterrey en el siglo XVI. Así se conserva aún el llamado Hospital de los peregrinos y la iglesia parroquial de Santa María. El carácter de ambos nos informa de la importancia que el conjunto de Monterrey tuvo en el desarrollo del Camino de Santiago.
Históricamente el conjunto palaciego y militar de Monterrey fue de gran importancia durante la Edad Media en Galicia. La zona, poblada desde antiguo, contó con un castro, Olcetum. Ya en época medieval, Monterrey es el enclave militar más importante de la zona conocida como "raya seca" o línea fronteriza de la provincia de Orense. La misma denominación que recibe nos habla de su origen real y de la significación que para la monarquía castellano-leonesa tuvo desde tiempos de Alfonso VIII, su repoblador. Perteneció a la Corona hasta el reinado de Juan II, monarca que cedió el dominio señorial al noble navarro Diego López de Stúñiga, que entonces ocupaba el cargo de justicia mayor.
A partir de este momento, la relevancia fue en aumento dada su situación estratégica durante las contiendas hispanolusas, que le permitieron convertirse en uno de los señoríos más brillantes de la Galicia del siglo XV. La llegada de los Reyes Católicos al trono castellano interrumpió la herencia directa del señorío, influyendo en el nombramiento de un gobernador en la persona de Fernando de la Vega. Pero las necesidades económicas de la Corona obligaron a la venta de algunas posesiones entre ellas este castillo que volvió a ser entonces propiedad de los condes de Monterrey.
No poseía entonces la fortaleza los nuevos sistemas de abaluartamiento que estaban siendo empleados en otras fortalezas de la época, hecho que quedó patente durante las guerras con Portugal en el siglo XVII. Fue entonces cuando se demostró la necesidad de adecuar sus defensas a los nuevos tiempos. Su historia militar, no obstante, prosiguió convirtiéndose de nuevo en fortaleza militar durante las guerras de Sucesión e Independencia, ya en el siglo XIX. Ha sido declarado Monumento Nacional .
Entre los personajes relacionados con este castillo, los más vinculados sin duda han sido los condes de Monterrey, que lo convirtieron en centro de su señorío ya a comienzos del siglo XV. El primer titular del señorío fue Diego López de Stúñiga, casado con doña Elvira de Biedma, que pertenecía a una influyente familia gallega que además ostentó el Adelantamiento Mayor del territorio.
Sus hijos y sucesores ampliaron el patrimonio heredado que logró su mayor auge tras el matrimonio de una nieta del fundador de la casa de Monterrey, doña Teresa de Zúñiga, con Sancho Sánchez de Ulloa, cuyo extenso patrimonio ofreció un nuevo esplendor al de Monterrey. Fue precisamente aquél quien ordenó la más completa restauración del castillo en su historia, empleando en las obras más de un millón de maravedís. Esta cantidad hubo de ser pagada más tarde por Pedro de Zúñiga al resolverse, en 1491, el pleito que les tenía enfrentados a causa de la posesión de Monterrey.
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