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Segovia
- Castillo de Coca |
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Cierto
escritor contemporáneo ha escrito de este castillo:
“Un fastuoso mitrado del siglo XV, más aficionado
a las armas y a las intrigas palaciegas que al ejercicio
de la austeridad y del ejemplo piadoso, don Alonso de Fonseca,
levantó este relicario de epopeyas y cantares de
gesta, este palacio-fortaleza, doble cordón almenado,
acabado y empezado por castellanos y moriscos alarifes”.
Construido con ladrillos, conserva dentro del estilo flamígero,
llamado ojival impropiamente, un atisbo hondo, un ponderable
sabor arábigo, que se echan bien de ver en el doble
cordón de almenas con que están rematados
los dos cuerpos del edificio.
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Ciertamente
que no es tenebrosa la impresión producida por este
castillo caucense. Es como la mansión enorme surgida
del más desaforado ensueño. Su silencio es hondo
y sugestivo. Parece el marco adecuado para (escenografía
y ambiente) para encerrar una tragedia o una aventura guerreo-amorosa.
En efecto, las famosísimas coplas de Jorge Manrique,
la elegía más bella de la poesía castellana,
parecen compuestas, aludiendo a la callada muerte, siempre
cercana, para ser leídas dentro del silencioso castillo
de Coca, que no se acierta a explicar por qué es uno
de lo más silenciosos castillos españoles. |
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Su
interior está derruido casi por completo. Pero basta
lo muy poco que queda en estucos y lacerías para
estar conforme en que debió de ser esplendoroso,
único en España y en el mundo entero, representación
genuina del mudejarismo español. Triunfa el humilde
ladrillo, que a veces resulta más bello que los castillos
de piedra. Parece una obra inspirada por un magnate fastuoso
y ejecutada por un orife fantástico y que puede compararse
con las corazas milanesas en las que lo defensivo se cubre
con regia capa de damasquinados y cinceladuras.
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Maciza
e imponente mole que, a distancia, parece hundirse en declive
en el terreno, ostenta cuatro garitones en sendos ángulos;
arquería corrida de matacanes; adarves cruzados de
primas preciosamente decorados; barbacana con el relieve de
un cubo; torre del homenaje cuadrada, limitada por cuatro
garitones puestos en los vértices y reforzada por ocho
garitas pareadas en cada lado, el castillo de Coca presenta
una innovación en la estructura de las construcciones
bélicas de la Edad Media. |
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Todo
en él está salpicado de saeteras cruciformes
y su ornato es “estaláctico”. En el mismo
lienzo donde se alza la torre del homenaje se abre la puerta,
de arco árabe rebajado dentro de una ojiva encuadrada
por moldura de ladrillos, que conduce al patio. Este patio,
hasta hace un centenar de años, estuvo rodeado de una
doble galería de orden corintio, cuyo piso y paredes
estaban vistosamente recubiertas de azulejos. |
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Este castillo perteneció a los señores
de Fonseca, estirpe fundada por don Alonso, arzobispo de Sevilla.
En una de sus estancias estuvo recluido un hijo bastardo de
Don Pedro I de Castilla: don Diego Fonseca.
No
tiene otra historia el castillo caucense. Ni escenario de
grandes hechos guerreros, ni recordatorio de intensos dramas
de que se guarda memoria o fantasía. Pero eso no impide
que los Pjs las encuentren allí...
Su
antigüedad, manifestada borrosamente en uno de los lienzos
murales: Mill et cccc. Su aspecto, resumen de las más
bellas trazas castellanas. Y su silencio, hondo, sonoro y
sugestivo. Parece el marco apropiado para abarcar una conspiración
política o el melancólico fon de un príncipe
de Viana...
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