Aquelarre
 
Valencia - Castillo de Játiva

Dado que el cerro en el que se asienta el castillo de Játiva contó desde la Antigüedad con un puesto fortificado, la fortaleza que actualmente contemplamos es difícil de fechar. Cuenta con una base ibera y cartaginesa, sobre la que los romanos construyeron una atalaya. La llegada de los visigodos y de los musulmanes modificó sustancialmente la fortificación ya existente, que se vio ampliada y engrandecida. La siguiente fase constructiva se realizó ya en época cristiana, culminando con la construcción de la capilla, a finales de la Edad Media, en el reinado de Alfonso V el Magnánimo. La casi total destrucción del castillo en el siglo XVIII a causa de un terremoto y los daños causados durante la Guerra de la Independencia posteriormente, motivaron su restauración ya en el siglo XX.

En el conjunto fortificado conocido como castillo de Játiva se pueden distinguir dos cuerpos de edificación: el denominado "Castell Vell" o Menor y el "Castell Nou" o Mayor, que cuentan con una única entrada situada a un nivel inferior a la de los dos castillos. Se accede al recinto a través de la torre del homenaje que da paso al patio de armas (actualmente convertido en jardín) del cual parten los caminos hacia ambos castillos.
Arquitectónicamente hablando, en ambos cuerpos predomina la obra musulmana (almenas y arcos) y gótica (capilla) sobre la romana, de la que se conservan escasos restos. La zona del castillo Mayor posee un muro flanqueado con torreones cúbicos de traza islámica que alternan con torres cuadradas de época cristiana sobre base romana. Situada en la zona más alta de la fortificación, se encuentra la capilla fundada por doña María, esposa de Alfonso V el Magnánimo. Su estructura es simple y de una sola nave con bóveda de crucería, mostrando los dinteles el escudo de la Corona de Aragón.
La historia del castillo de Játiva se halla muy relacionada con la población a la que defiende. Fue llamada "Saetabi Augustanorum" por los romanos, que edificaron en ella un puesto fortificado del que quedan algunos restos en el llamado Castillo Menor o "Castell Vell" de Játiva. Los musulmanes la denominaron "Medina Xateva", siendo evidentes sus reformas arquitectónicas del castro romano y las ampliaciones, más patentes en el Castillo Mayor o "Castell Nou", cuyo muro izquierdo está flanqueado por torreones cúbicos de factura islámica que se alternan con torres cuadradas.

Con la toma de la ciudad por los cristianos, en el siglo XIII, pasó a conocerse por Játiva, adquiriendo a partir de entonces su castillo gran importancia dentro de las fortificaciones de la Corona de Aragón, tanto por su situación estratégica como por habilitarse sus estancias subterráneas como prisión. Fueron muchos y famosos los prisioneros que conoció el castillo de Játiva hasta el siglo XVI, fecha en la que volvió a adquirir protagonismo militar durante el levantamiento de las Germanías.
Durante la Guerra de Sucesión, el castillo se mantuvo fiel a las tropas de Carlos de Austria, por lo que Felipe V, en 1707 y una vez que los moradores de la fortaleza se rindieron tras un duro asedio, ordenó el incendio y destrucción del castillo y la villa. Quiso también este monarca cambiar el nombre de la villa como castigo a su insurrección y llamarla desde entonces Ciudad de San Felipe. Estas órdenes convirtieron al primero de los Borbones en España, en persona "non grata" para Játiva que desde entonces mostró un cuadro de Felipe V boca abajo, como repudio hacia su política con ella.
Mucho debió sufrir también el castillo durante el terremoto de marzo de 1748, que afectó enormemente a su construcción. También la Guerra de la Independencia dio protagonismo al ya muy deteriorado castillo de Játiva, pues sus ocupantes franceses al abandonarlo, en 1822, demolieron parte de las torres y las murallas. El castillo fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1931, hecho que no impidió que sufriera nuevos ataques durante la guerra civil española del 36, tras la cual fue restaurado.
Desde el siglo XIII al XVI fueron destinados a prisión parte de los aposentos subterráneos del castillo de Játiva, por lo que la mayoría de los personajes relacionados con él lo fueron en calidad de prisioneros de los monarcas de la Corona de Aragón. Tal es el caso de los Infantes de la Cerda, cautivos en la fortaleza desde 1278 a 1288, o el de don Jaime, conde de Urgel, que ingresó en las celdas del castillo en 1426 falleciendo allí mismo siete años después. Lo mismo le ocurrió a Jaime de Aragón, barón de Arenós e hijo del Duque de Gandía; y posteriormente a Diego de Borja, canónigo de la Catedral de Valencia, acusado de asesinato por Felipe II y decapitado en el mismo castillo de Játiva en 1552.
Pero entre todos los que sufrieron cautiverio en los sótanos de la fortaleza destaca Fernando de Aragón, duque de Calabria. Pariente de otro Fernando de Aragón (rey de Castilla tras su matrimonio con Isabel la Católica), el duque de Calabria conoció las prisiones de los castillos españoles desde los catorce años de edad, estando entonces encarcelado en La Mota, en Medina del Campo. Tras una breve estancia en la Corte de Fernando el Católico, casado por entonces en segundas nupcias con Germana de Foix, fue acusado por el monarca aragonés de traición y encerrado en el castillo de Atienza, hasta que en 1512 fue trasladado al de Játiva, en donde también se especulaba con la verdadera razón del encarcelamiento del duque de Calabria: sus amores con Germana de Foix, la reciente esposa de Fernando el Católico, muchacha de dieciocho años de edad y a la que el rey sobrepasaba en más de cuarenta.
En 1522, y tras su intervención en el final del levantamiento de las Germanías, Carlos V ordenó su liberación, que años antes había sido recomendada por su más acérrimo enemigo, el rey católico Fernando V. A pesar de que su prisión debió atenuarse en los últimos años (prueba de ello es la magnífica biblioteca que logró reunir), su encarcelamiento fue largo y penoso. Una vez en libertad contrajo matrimonio con la ex-reina Germana de Foix, viuda nuevamente del marqués de Branderburgo. El duque de Calabria y su esposa, doña Germana, fueron los fundadores del monasterio de San Miguel de los Reyes, lugar en el que recibieron sepultura.
[Descargar imágenes][Volver atrás]