Aquelarre
 
Valladolid - Castillo de Tor-de-Humos
Tor-de-humos quiere decir “Torre de Humos”. Los castillos hasta el siglo XIV, además de ciudadelas donde refugiarse, solían servir de atalayas con el sistema de comunicación aérea más conocido entonces: fogatas en la noche y humaredas por el día.
El castillo de Tordehumos se alza sobre un cerro cónico y aislado que le sirve de peana. Se compone de: un recinto exterior, un foso y el núcleo, y, detrás de éste, el patio de armas. El recinto a amurallamiento es de sólida sillería, alto y espeso, sin almenas ni troneras, lo que hace suponer que fue erigido con anterioridad al uso de la pólvora.
El foso, hoy cegado, fue muy ancho, y aún se dibuja en toda su circunferencia. El núcleo tiene planta cuadrangular y una altura de lienzos de quince metros; lienzos de recios sillares, con almenas en la decoración, trofeos heráldicos sobre las puertas ciegas y algunas aspilleras para armas de fuego de reparación posterior.
Dos entradas tiene este cuerpo central. Una, en la cortina de sur a este, y formada por tres arcos sucesivos: el primer ojival, el segundo rebajado y el tercero elíptico. En el lienzo de oeste se abre la otra entrada.
El patio de armas, al que se llega por cualquiera de las entradas por unos caminos abovedados, es amplia y se orienta alta, es una planicie. Del patio de armas arranca la torre del homenaje, cuadrada de planta, de unos cuatro metros de ancha por veinte de alta, de piedra sillería. Ostenta en la parte superior de la fachada tres escudos. El del centro, con las antiguas armas de Castilla; el de la derecha, con jirones en la mitad superior, y, en la inferior, una banda; el de la izquierda, ajedrezado.
En la cara opuesta de la torre aparece otro escudo: flanqueado y tironeado. El interior de la torre estuvo dividido en cinco pisos (uno subterráneo, de calabozos), unidos todos por una escalera entallada en el muro, de la que restan algunos vestigios.
Situada a doce kilómetros de Medina de Rioseco, en las márgenes del río Sequillo, a principios del siglo XIV (1308) era ya plaza fuerte. En su castillo se refugió el turbulento don Juan Núñez de Lara para resistir la persecución violenta de Fernando IV, prolongando tanto tiempo la defensa, que dio lugar a que se cansaran y desbandaran los sitiadores.
En su castillo, Alfonso XI condenó a muerte al pérfido valido Alvar Núñez Osorio y lo dio luego a su favorita doña Leonor de Guzmán.

También aquí, los infantes Don Juan y Don Fernando de Aragón, protegidos por su madre la reina Doña Leonor, juraron odio a muerte a Pedro I de Castilla, su primo. Precisamente en tiempo de este monarca la villa era de realengo y Enrique II la donaría junto al castillo a su hermana Doña Juana como dote por su matrimonio, en 1371, con el aragonés don Felipe de Castro. Pero se la quitó a la hija de este matrimonio Juan I, quien la concedió, a cambio de 10.000 doblas de oro.

En 1475 figuraba como señor de Tordehumos don Diego Hurtado de Mendoza. Y durante la guerra de las Comunidades, 1524, fue la fortaleza para don Pedro de Girón, como la de Torrelobatón para Padilla y Bravo, escenario de una noche triste, preludio de un desastre épico. Quizá a consecuencia de estas guerras fratricidas fue desmantelado el casillo porque, realmente, desde entonces ningún acontecimiento bélico ha tenido en él importancia suficiente para arruinarlo.
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