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y acuérdate de limpiarte la boca antes de beber del vaso...
Éste
es uno de los consejos que en el tardío 1200 un anciano
señor daba a un joven que quería figurar entre
la alta sociedad de la época. Consejo todavía
vigente y que ha pasado indemne el curso de los siglos. De hecho,
ya en el Medievo se codifican una serie de reglas de buena educación
en la mesa (considerad que la preparación de la mesa
consistía en una tabla con dos caballetes, y dos series
de manteles que la cubrían).
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Por cada
comensal se colocaba un cuenco de cerámica o madera envejecida
donde se servía la sopa o cualquier otro plato a base de
caldo. Un segundo plato llano se metía bajo el cuenco,
y podía ser de cerámica o de madera; en algunos
casos se utilizaban platos hechos de un pan especial llamado Mense
(de aquí la palabra española “mesa”).
Finalmente, se servía una cuchara, y correspondía
al comensal traerse un cuchillo. |
Cada
dos personas se colocaba un jarro del que sorber las bebidas.
Poner la mesa, como veis, era muy diferente de lo que actualmente
definimos como lo mínimo indispensable para poder comer.
De hecho nuestro precioso tenedor nace en Venecia en el tardío
s.XIV, mientras que el cuchillo se coloca junto a cada comensal
sólo a partir del s. XVII. Finalmente, el mantel ya se
conocía y utilizaba, pero era la guinda sólo en
la mesa de los más ricos. |
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Con
este tipo de preparación, era necesario conocer un mínimo
de buenas maneras para no poner a los comensales en un aprieto.
En consecuencia, nace así el llamado “tratado de
las buenas costumbres”, donde las reglas más importantes
eran:
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No se puede hablar con la boca llena, y se debe masticar en silencio
sin que se vea lo que tienes en la boca
- Límpiate la boca antes de beber, para no molestar a tu
vecino que se servirá en las mismas copas
- No te limpies las manos en la chaqueta o en el mantel, sino
en la servilleta o lávalas en el aguamanil.
- No te limpies los dientes con el cuchillo y no emitas ningún
ruido desagradable que pueda provocar asco a la persona que se
sienta junto a ti.
- No cojas la ración más grande y no revuelvas en
las porciones ya cortadas buscando la más exquisita.
- Pon atención en no manchar tu vestido ni el de los demás
comensales.
- No estropees la servilleta ni la uses para hacer nudos, úsala
para limpiarte la boca y las manos.
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Estas
recomendaciones de buenos modales, que en gran parte se pueden
aplicar todavía hoy, nos recuerdan que ciertos comportamientos
resultaban desagradables también en el siglo XIII. Las
mismas reglas de buena educación vienen descritas en el
Menanger de Paris escrito en el S. XIV, donde un marido enseña
a su joven esposa a mantener con decoro la casa, a cocinar y a
poner la mesa como es debido. |
Este
cuidado por las buenas maneras demuestra por tanto que la Edad
Media no es una época donde se preparaban suntuosos banquetes
para regocijarse alegremente y para atiborrarse de carne y de
caza sin un mínimo de decoro, sino que eran eventos bien
codificados, donde el modo de presentarse y de comportarse eran
tan importantes como lucir un buen vestido. |
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