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La
indumentaria de los arcabuceros era mucho más liviana que
la de los piqueros. Consistía habitualmente en un morrión,
una gola de malla de acero y un coleto (vestidura hecha de piel,
por lo común de ante, con mangas o sin ellas, que cubre
el cuerpo, ciñéndolo hasta la cintura; en lo antiguo
tenía unos faldones que no pasaban de las caderas) o chaleco
de cuero. A los arcabuceros se les consideraba, en efecto, soldados
ligeros respecto de los piqueros, cuyas compañías
constituían el núcleo básico del tercio.
Durante el combate las compañías
de arcabuceros se caracterizaban por su gran movilidad, desplegándose
rápidamente para situarse en las alas de los cuadros formados
por los piqueros y tratar de envolver al enemigo hostigando sus
flancos.
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El arcabuz se
utilizó con sucesivas innovaciones desde el siglo XV al
XVIII. El vocablo quizá derive del alemán hakenbüchss
(haken: gancho o garfio. büchss, arma de fuego), aunque también
podría ser una deformación del árabe al káduz
(el tubo). Este arma consistía en un cañón
montado en un fuste de madera de un metro aproximadamente, aligerado
hacia la boca y reforzado hacia la cámara de fuego. |
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La
longitud del ánima oscilaba entre 0,80 y 1,60 metros. Al
evolucionar el arcabuz hacia el mosquete, aumentando de tamaño
y peso, fue preciso apoyarlo en una horquilla para poder hacer
fuego.
El equipo adicional de los arcabuceros
consistía en una bandolera de la que pendían las
sartas o cargas de pólvora en doce estuches de cobre o
de madera (a los que se conocía como los doce apóstoles),
un polvorín de reserva y una mochila en la que se guardaban
las balas, la mecha y el mechero para prenderla. Iban también
armados con una espada semejante a la que solían usar los
piqueros. Cada arcabucero recibía una cierta cantidad de
plomo o estaño para fundir sus propias balas en un molde
que se les entregaba junto con su arma.
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Como
cada pedido de armas incluía los moldes para fabricar la
munición, el calibre de las balas fundidas tendría
que coincidir con el del cañón. Sin embargo, esto
no siempre ocurría en la práctica debido a imprecisiones
en la manipulación de los moldes. Por otro lado, hay que
tener en cuenta que muchos soldados empleaban armas que no eran
normalizadas y que la dosificación de la pólvora
se realizaba de forma subjetiva y más bien exagerada una
vez que se habían utilizado los estuches predosificados
de la bandolera. |
Esto
ocurría con frecuencia cuando las circunstancias obligaban
a mantener una cadencia de fuego rápida y el tirador no
tenía tiempo de volver a llenar los estuches para dosificar
sus cargas y vertía la pólvora en el bacinete directamente
con el polvorín de reserva. De todo ello resultaba una
considerable desigualdad de tiro. |
En
los primeros arcabuces se utilizaba el sistema de encendido
por mecha que fue sustituido más adelante por el de rueda.
El sistema de encendido por mecha se basaba en el empleo de
un dispositivo denominado serpentín que inicialmente
era una simple palanca en forma de Z montada a un lado del fuste
de madera: si se oprimía su parte inferior, la superior
se movía hacia delante. En el extremo del serpentín
se fijaba un trozo de mecha de combustión lenta para
provocar la ignición de la pólvora.
Estas mechas se confeccionaban con cuerda de
lino o de cáñamo empapada en una solución
de salitre y puesta a secar.
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Más adelante se perfeccionó
el modelo de serpentín simple incorporándose un
resorte de manera que al aflojar la presión sobre éste
el serpentín se separaba inmediatamente de la recámara.
En las armas equipadas con el sistema de rueda, ésta accionaba
un percutor con forma de quijada provisto de una pieza de ágata
que al golpear a otra de pedernal inflamaba el cebo con la chispa
producida. |
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