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Para
acentuar la ventaja proporcionada por la altura de las murallas,
se podía excavar en la base una zanja alrededor de todo
el castillo. Donde era posible, esta zanja se llenaba de agua
para crear un foso. Tanto las zanjas como los fosos dificultaban
los asaltos directos contra las murallas. Los hombres con armaduras
se arriesgaban a ahogarse si caían al agua, aun cuando
fueran relativamente poco profundas. Los fosos impedían
que se socavaran las murallas del castillo, debido al riesgo de
que las excavaciones se hundieran durante la construcción
y sepultaran a los excavadores. En algunos casos, los atacantes
tenían que vaciar el foso antes de iniciar un asalto. |
Después
rellenaban la zanja en varios sitios, para poder levantar junto
a las murallas las torres de asalto y las escaleras.
Los puentes levadizos ubicados
a lo largo de un foso o de una zanja permitían a los ocupantes
del castillo entrar y salir cuando fuera necesario. Cuando había
peligro, se elevaba el puente levadizo restableciendo la zanja
y cerrando las murallas. Los puentes se elevaban mediante un mecanismo
que estaba dentro del castillo, protegido de los atacantes. |
Rejilla
o Rastrillo
Era
una verja fuerte que se deslizaba hasta el suelo de la puerta
del castillo, para bloquear la entrada. La puerta de un castillo
estaba dentro de la torre de entrada. El túnel estaba bloqueado
por una o más rejillas, en el centro o en sus extremos.
El mecanismo que levantaba la rejilla estaba en la parte superior
de la torre de entrada, fuertemente custodiado. La rejilla era
una verja de madera resistente o de hierro. Tanto los defensores
como los atacantes podían disparar o clavar sus armas a
través de la rejilla.
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Barbacana
Un
castillo poderoso tenía una puerta interior y otra exterior.
Entre los dos había un área abierta, llamada barbacana.
Ésta estaba rodeada por murallas y diseñada para
que se convirtiera en una trampa para cualquier atacante que
traspasara la puerta exterior. Una vez dentro de la barbacana,
los atacantes sólo podían regresar por la puerta
exterior o luchar para abrirse paso por la interior. Mientras
tanto, eran objetivos al descubierto para las flechas y otros
proyectiles.
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Defensores
Un
número relativamente pequeño de hombres podía
proteger un castillo en tiempos de paz. Por la noche se levantaba
el puente levadizo y se bajaban las rejillas, cerrando la puerta
de forma eficaz. Bajo la amenaza de un asalto, se necesitaba
una fuerza mucho mayor para defender el castillo.
Se necesitaban arqueros y ballesteros
hábiles, para disparar desde las murallas y las torres
a los atacantes cuando realizaban el asalto o cuando lo preparaban,
intentando vaciar de agua el foso o llenar la zanja. Cada baja
en los atacantes minaba su moral y capacidad de lucha. Un número
importante de bajas podía detener el ataque. |
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Si
los atacantes conseguían acercarse para entablar la lucha
cuerpo a cuerpo, se precisaba un importante contingente de espadachines
para rechazar el ataque. Se necesitaban hombres que arrojaran
piedras o derramaran líquido hirviendo desde las plataformas.
También se necesitaban hombres para reparar las secciones
dañadas de las murallas o para apagar los fuegos iniciados
por los proyectiles. Una defensa agresiva buscaba oportunidades
para salir del castillo y atacar al ejército asaltante.
Una incursión rápida que quemara una torre de asalto
o un lanzapiedras en construcción retrasaba el asalto y
bajaba la moral de los atacantes.
En épocas de emergencia,
se alistaba a los campesinos del lugar para ayudar en la defensa.
Aunque no estaban instruidos como soldados y no dominaban el manejo
del arco o la espada, podían ayudar en muchas otras tareas. |
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