Tercios Españoles. Organización (II)
La composición de una compañía de arcabuceros y otra de piqueros era la siguiente:

Resulta interesante constatar la diferencia existente entre los haberes de piqueros y arcabuceros. Estos últimos recibían un escudo más para pólvora, cuerda y munición, además de un tostón (treinta céntimos de escudo) para que pudieran proveerse de morrión (casco con los extremos curvados hacia arriba y una cresta en el centro.

El grado de Capitán era el de mayor reputación y el más ambicionado. En relación con el prestigio de este grado resulta revelador el hecho de que durante el reinado de Carlos V se dieran casos de Sargentos mayores que preferían el mando de una compañía a su propio destino en el que tenían a sus órdenes como subordinados a los capitanes de compañía, y gozaban de un sueldo superior al de éstos. En relación con el procedimiento para ascender a este grado existía una regla de antigüedad generalmente aceptada que se basaba en la permanencia en un grado durante un cierto período de tiempo antes de acceder al grado superior. Según algunos autores la regla de antigüedad más comúnmente aceptada era la siguiente:

Cinco años para ascender de soldado a Cabo, un año de Cabo a Sargento, dos años de Sargento a Alférez, tres años de Alférez a Capitán.

En principio pues la elección de un nuevo Capitán se realizaba entre los alféreces de mayor mérito aunque no era infrecuente que, ignorándose los grados intermedios, se ascendiera a Capitán a un soldado a condición de que éste tuviera diez años de antigüedad y reuniera los méritos suficientes. El Capitán había de tener gran experiencia en las tácticas de combate y en el empleo de las distintas armas especialmente de las de fuego, cuya importancia se revelaba cada vez mayor. Tenía la obligación de supervisar el entrenamiento de sus hombres organizando para ello combates simulados en los que se empleara la pica, se disparase el arcabuz, se maniobrara en distintas formaciones, etc. Entre sus cometidos estaba también la elección de oficiales competentes capaces de mantener un alto grado de disciplina y entrenamiento entre los soldados de su compañía.
El Alférez era el lugarteniente del Capitán a quien sustituía cuando éste se hallaba enfermo, herido o ausente. Era responsable de la bandera, que debía portar en los combates y en las revistas. Teniendo en cuenta que las dimensiones de las banderas eran considerables y que durante los combates el Alférez tenía que sujetarla con una sola mano para poder manejar la espada con la otra, cabe suponer que sólo eran aptos para ostentar este grado hombres de gran fortaleza física. Aunque el Alférez no era directamente responsable del alojamiento de los soldados de su compañía, tenía la obligación de visitarlos con frecuencia para conocer de cerca sus problemas y ayudarles a resolverlos. Cuando no portaba la bandera, por ejemplo en tales visitas, llevaba como distintivo una alabarda.
Otra de las obligaciones del Alférez consistía en escoger buenos músicos para cubrir los puestos de tambores y pífanos, a quienes se encomendaba la importante misión de transmitir órdenes, publicar bandos, etc. Estos instrumentistas debían conocer todos los toques del ejército que indicaban asambleas, marchas, avisos, retretas, desafíos, mensajes, asaltos, etc. además debían ser capaces de interpretar y transmitir las respuestas.
El grado de Sargento fue creado a finales del siglo XV a petición de los capitanes, que sentían la necesidad de contar con oficiales que se encargaran específicamente de mantener la disciplina y de velar por la ejecución de las órdenes en sus compañías. El Sargento tenía que conocer en todo momento el número de soldados disponibles para poder formar rápidamente la compañía de acuerdo con las órdenes recibidas. En lo relativo al mantenimiento de la disciplina, podía castigar las faltas al servicio sin que mediase proceso alguno, en caso de flagrante delito. Estaba también encargado del entrenamiento y de la instrucción de sus soldados, enseñándoles el manejo y el cuidado de las armas y asignando a cada uno el puesto que más se ajustase a sus condiciones. Antes de emprender una marcha, el Sargento se reunía con su Alférez y su Capitán para establecer el itinerario, determinar las características de los bagajes, etc.
De acuerdo con las decisiones adoptadas en esta reunión tomaba las medidas necesarias para que la tropa estuviese formada y los bagajes cargados antes del momento previsto para la partida.

El grado de Cabo es más antiguo que los de Sargento y Alférez. Esencialmente, el Cabo estaba encargado del buen estado de las armas y de la formación de los reclutas. También se ocupaba de los enfermos, transmitiendo al Capitán las solicitudes de hospitalización. Era asimismo responsable del puesto de guardia que se le asignara y debía permanecer en él con todos los soldados de su escuadra hasta que el Sargento le relevase.