La Industria Textil
Indudablemente el sector manufacturero que alcanzó una mayor relevancia en la Baja Edad Media castellana fue el textil. Las primeras menciones a esta industria datan de los siglos XII y XII, en paralelo al desarrollo de la ganadería lanar trashumante y a la conquista de núcleos urbanos situados al sur del Sistema Central.
Será una actividad que se mantiene en los niveles de manufactura doméstica hasta que, desde mediados del siglo XIV, adquiere carácter industrial en algunos centros especializados en la producción de paños. El proceso fue madurando a lo largo del siglo XV, acompañada por una ampliación del mercado consumidor de paños de calidad medie y baja que, progresivamente, sustituyen a los de similar aspecto importados hasta entonces de Flandes e Inglaterra.
En la Meseta norte, junto a núcleos urbanos como Zamora, Palencia, Ávila o Segovia (que recuperará su esplendor en el siglo XVI) que, aún declinando, mantienen una cierta importancia en la producción de paños de calidad media o baja, el desarrollo de las manufacturas textiles se localiza en talleres rurales que abundan sobre todo en la zona de Burgos, Palencia, Soria, Segovia y Ávila y que satisfacen las necesidades de su propio ámbito y de territorios más alejados del norte peninsular.
Por el contrario la industria textil en la Meseta sur, Andalucía y Murcia experimentó en el siglo XV un importante impulso. Son dos las razones de fondo en el desarrollo de la manufactura textil en ciudades como Toledo, Cuenca, Murcia, Córdoba, Ciudad Real, Sevilla, Úbeda y Baeza; la primera de ellas, la utilización de lana de mejor calidad y la segunda, la adecuación a las nuevas técnicas de fabricación procedentes de Europa.

Todo ello permite competir con la producción extranjera e, incluso, dedicar parte de la producción al mercado exterior (Portugal, Norte de África), aunque en esta cuestión la industria textil chocará con los intereses contrapuestos y más poderosos de los grupos que se beneficiaban de la exportación de la lana castellana.

Es por ello que la legislación real, también de monarcas anteriores pero sobre todo de los Reyes Católicos, incida especialmente en medidas de índole proteccionista, limitando la importación de paños extranjeros para así asegurar a la producción propia el mercado interno, incluso en el segmento de los tejidos de más alta calidad.
En resumen, se produce un incremento notable de la producción textil castellana a lo largo del siglo XV, especialmente de paños de mediana y alta calidad, que incidirá notablemente en el desarrollo de bastantes ciudades; por ejemplo, en Cuenca a finales de siglo se producían de tres a cuatro mil piezas anuales y las manufacturas textiles ocupaban al diez por ciento de la población pechera de la ciudad. Además no conviene olvidar que la industria textil no sólo se limitaba al trabajo de la lana, también incrementaron su importancia, de modo más limitado, la confección de tejidos de lino y las hilaturas de seda.