LA
PICOTA EN TONEL
Era una especie de vergüenza
pública que se aplicaba sobre todo a los borrachos.
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Había
dos clases de "picotas en tonel": las que tenían
el fondo cerrado, en las que la víctima se colocaba dentro,
con orines y estiércol o simplemente con agua podrida,
y las abiertas para que las víctimas caminaran por las
calles de la ciudad con ellas a cuestas, lo que les producía
un gran dolor debido a su gran peso.
Entre los instrumentos de escarnio
pública también hay que destacar los collares para
vagos y maleantes. Consistían en pesadas "botellas"
de madera o piedra, o gruesas "monedas" de hierro que
se colgaban al cuello de los borrachos las primeras y de mercaderes
deshonestos las segundas. |
A
los cazadores furtivos se les ataban cadenas con los cadáveres
de los animales cazados furtivamente, hasta la putrefacción
y desprendimiento de los mismos (castigo especialmente eficaz
en verano)
Los collares rondaban los ocho
o nueve kilos, por lo que su aplicación durante noches
y días enteros, provocaba heridas e infecciones y, en ciertos
casos extremos, incluso gangrena.
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EL
APLASTACABEZAS
La barbilla de la víctima
se colocaba en la barra inferior, y el casquete era empujado hacia
abajo por el tornillo. Los efectos de este proceso son evidentes.
Primero, se destrozan los alvéolos dentarios, después
las mandíbulas, y luego el cerebro se escurre por la cavidad
de los ojos y entre los fragmentos del cráneo.
Hoy en día ya no se utiliza
como pena capital, pero goza de gran estima para su uso como interrogatorios
en buena parte del mundo. En la actualidad, el casquete y la barra
inferior están recubiertos de un material blando que no
deja marcas sobre la víctima.
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Existen unos instrumentos
con una finalidad parecida llamadas "rompecráneos",
que como su nombre indica se diferenciaban del "aplastacabezas"
en que en vez de aplastar el cráneo lo rompían. |
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LA
RUEDA PARA DESPEDAZAR
Era el instrumento de ejecución
más común en la Europa germánica, después
de la horca, desde la Baja Edad Media hasta principios del siglo
XVIII. En la Europa latina el despedazamiento se llevaba a cabo
con barras de hierro macizas y mazas herradas en lugar de ruedas.
La víctima, desnuda, era
estirada boca arriba en el suelo o en el patíbulo, con
los miembros extendidos al máximo y atados a estacas o
anillas de hierro. Bajo las muñecas, codos, rodillas y
caderas se colocaban trozos de madera. |
El
verdugo, asestando violentos golpes con la rueda de borde herrado,
machacaba hueso tras hueso y articulación tras articulación
procurando no asestar golpes fatales. La víctima se transformaba,
según nos cuenta un cronista alemán anónimo
del siglo XVII, "en una especie de gran títere
aullante retorciéndose, como un pulpo gigante de cuatro
tentáculos, entre arroyuelos de sangre, carne cruda, viscosa
y amorfa mezclada con astillas de huesos rotos" . Después
se desataba e introducía entre los radios de la gran rueda
horizontal al extremo de un poste que después se alzaba.
Los cuervos y otros animales arrancaban tiras de carne y vaciaban
los ojos de la víctima hasta que a ésta le llegaba
la muerte.
Como se ve, era una de las torturas
más largas y agónica que se podía infligir.
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Junto con la hoguera
y el descuartizamiento, éste era uno de los espectáculos
más populares de entre los muchos similares que tenían
lugar en las plazas de Europa. Multitudes de plebeyos y nobles
acudían a deleitarse con un "buen" despedazamiento,
preferentemente de una o varias mujeres en fila. |
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