Torturas de la Inquisición VII

ARMAS DE CARCELERO

Las armas para carceleros se distinguen de las armas militares porque no son adecuadas para la guerra, ya que los enemigos van provistos de corazas y armados, pero son muy útiles para controlar la turba de prisioneros semidesnudos, evidentemente desarmados.

En el "agarracuellos" (a la izquierda) se puede observar el aro con la abertura en forma de trampa a un extremo de un asta de dos metros de longitud.

Un preso, o cualquier fugitivo que intentara escapar de un alguacil escondiéndose entre la multitud, es fácilmente capturado: una vez que el cuello es aferrado por la trampa, no hay otra posibilidad que seguir al captor.

El "agarracuellos" es usado todavía en centenares de cárceles, y muchas veces forma parte del equipo de las fuerzas antidisturbios. Las versiones modernas incluyen, en algunos casos, el uso de electricidad.

EL CINTURÓN DE CASTIDAD

La opinión tradicional sobre el cinturón de castidad es que se usaba para garantizar la fidelidad de las esposas durante los períodos de largas ausencia de los maridos, y sobre todo de las mujeres de los cruzados que partían para Tierra Santa. Quizás alguna vez, aunque no como utilización normal, la "fidelidad" era de éste modo "asegurada" durante períodos breves de unas horas o un par de días, nunca por tiempo más dilatado. No podía ser así, porque una mujer trabada de ésta manera perdería en breve la vida a causa de las infecciones ocasionadas por la acumulación tóxica no retirada, las abrasiones y las laceraciones provocadas por el mero contacto con el hierro. Asimismo, hay que tener en cuenta la posibilidad de un embarazo en curso.

En realidad, el uso principal del cinturón era muy diferente: constituía una barrera contra la violación, una barrera frágil pero suficiente en determinadas ocasiones, por ejemplo, en épocas de acuartelamiento de soldados en las ciudades, durante estancias nocturnas en posadas, durante los viajes... Sabemos por muchos testimonios que las mujeres se colocaban el cinturón por iniciativa propia, hecho que algunas ancianas sicilianas y españolas aún recuerdan en nuestros días.

Entonces, es necesaria una pregunta. ¿El cinturón es o no un instrumento de tortura? La respuesta ha de ser un SÍ inequívoco, puesto que ésta humillación, este ultraje al cuerpo y al espíritu es impuesto por el terror al macho, por el temor a sufrir a causa de la agresividad humana.

EL DESGARRADOR DE SENOS

Frías o ardiendo, las cuatro puntas del "desgarrador de senos" desgarraban hasta convertir en masas informes los senos de millares de mujeres condenadas por herejía, blasfemia, adulterio y muchos otros "actos libidinosos"; aborto provocado, magia blanca erótica y otros delitos.

En varios lugares y en épocas distintas, se aplicaba un "mordisco" con las puntas al rojo vivo en un seno de las madres solteras, a menudo mientras sus hijos se retorcían en el suelo salpicados por la sangre de sus madres.

Además de la función punitiva, el desgarramiento de senos servía también como procedimiento inquisitorial y judicial.