Jutas medievales del Paso Honrosso
Eran tiempos, siglo XV, donde quien se tuviera por caballero tenía que ser capaz de morir por honor. Y aquí tenemos como protagonista de nuestra historia a don Suero de Quiñones, quien llevó a cabo una hazaña realmente sorprendente y que se tiene entre las más altas de la caballería andante.
Todo comienza, como no podía ser menos, con una historia de amor. En una de las correrías de Don Suero de Quiñones, una dama, Leonor Toval, rechazó sus amores. Y don Suero se aprestó a lavar su despecho desafiando a cuantos caballeros quisieran cruzar el puente. De allí no se moverían hasta que rompieran 300 lanzas. Como cuenta D. Luis Alonso Luengo: “pidió autorización al rey para alzar sus tiendas en el camino de los peregrinos de Compostela, en el lugar de la Puente de Órbigo, durante un mes, él y nueve mantenedores, contra todos los caballeros que acudieran, hasta romper trescientas lanzas, a razón de tres por caballero.”
El 10 de julio de 1434 Suero de Quiñones, acompañado por tanto por un séquito de nueve hombres, inició las justas. Todo caballero debía aceptar el combate para tener "paso honroso" por el lugar, que fue el nombre que empezó a darse a tal paraje. Al cabo de un mes, Suero y sus caballeros habían vencido ya a 68 contrincantes.
Después de la hazaña la gente esperó con impaciencia el momento en que llegase a saludar el caballero que había realizado la gesta. Era el momento de de vitorear al capitán del Passo, que ahora con su cortejo esperó a que los jueces declararasen cumplidas las justas, y a él y a sus mantenedores libres de la prisión de amor.
El caballero leonés decidió poner fin a los torneos y peregrinó a Compostela, coincidiendo con el Año Santo. La historia cuenta que prendió de la imagen del apóstol una pulsera dorada, propiedad de su esquiva dama, y que todavía hoy permanece colgada del busto de Santiago el Menor, en su capilla de la catedral compostelana
Las Justas Medievales del Passo Honroso de Don Suero de Quiñones logran reunir cada año más de 30.000 personas y persiguen sin descanso el que todos los asistentes lleguen a participar activamente en las mismas.
Magnífica es la integración de los habitantes del pueblo, que decoran con blasones todas y cada una de las calles del pueblo, así como la del resto de los visitantes, ataviados en su indumentaria al más puro estilo medieval.
Hoy día se siguen recreando las justas del caballero Suero de Quiñones en un espectáculo que es digno de contemplarse. Además de esto, a lo largo del fin de semana que dura esta conmemoración se instala un abarrotado mercado medieval, se realizan exhibiciones de cetrería y se realizan cenas medievales.