Jerarquía (II)
Dentro de este complejo mundo de freires, comprometidos ciertamente con sus respectivas instituciones (pero no profesos en cuanto que su condición social les impedía, en principio, la emisión formal de votos), cabe distinguir, al menos dos modalidades relativamente bien definidas. En primer lugar, la de los freires sergents de armas, que constituían entre templarios, hospitalarios, teutónicos y santiaguistas, un importante cuerpo de caballería. Y, en segundo lugar, la modalidad de los freires de oficio, bien documentados entre los templarios pero presentes también en el resto de las órdenes; sus cometidos funcionales no eran militares, y en cualquier caso, se encargaban de las tareas agrícolas, siempre apoyados por mercenarii o asalariados, ajenos estos últimos, naturalmente, al esquema conventual.
Cabe mencionar, por último, el carácter igualmente subsidiario y bastante marginal que desempeñan sorores y freiras en las órdenes que admiten su existencia, básicamente y salvo esporádicas excepciones, como la del Hospital de San Juan de Jerusalén, la de Calatrava y la de Santiago.
El papel de las escasas comunidades de freiras era meramente contemplativo, salvo las santiaguistas que adquieren un relieve especial, dada la peculiaridad de una orden que admitió desde el principio el matrimonio para sus freires, y en la que, por tanto, era posible albergar a las mujeres de los freires (freiras o no) en los momentos en que la convivencia marital no fuera canónicamente permitida, o donde pudieran ser educados sus hijos.
Fuera de la estructura conventual y de la propia jerarquía regular de cada una de las órdenes, se halla un grupo de personas que se vinculan a ellas en calidad de familiares o cofrades. Se trata de una figura común a todos los establecimientos monásticos medievales, en virtud de la cual una persona ingresaba en la “familia” de la comunidad elegida entregándose a sí misma junto con todos o parte de sus bienes; a cambio, el nuevo “donado”, convertido en cofrade, recibía el caudal de beneficios espirituales que disfrutaba la comunidad en la que de este modo había ingresado.