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Cronológicamente
fue la orden de Calatrava la primera en surgir en 1158, siendo la
frontera toledana con el Islam el lugar de nacimiento. Las otras
dos grandes instituciones iniciales, la orden de Santiago y la orden
de San Juan de Pereiro, muy pronto denominada orden de Alcántara,
surgieron en la década de los años 70 del siglo XII
en el ámbito leonés, aunque la primera de ellas no
tardaría en desplazar su plataforma nuclear al vecino reino
castellano. La segunda, en cambio, apenas tuvo arraigo en Castilla
a través de la fallida experiencia de la orden de Trujillo,
de cortísima existencia (1188-1196). |
También
de la década de los 70 data la fundación de la orden
de Évora, que pasaría a llamarse orden de Avis cuando
en 1211 tome asiento en esta ciudad. Aunque hay quien niega la autonomía
de nacimiento de la orden, suponiéndola un mero destacamento
calatravo en Portugal, parece razonable admitir un origen independiente
pronto mediatizado por su filiación calatrava, anterior a
1187. |
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Aún
creadas dos nuevas órdenes militares en la década
de los 70, prácticamente al mismo tiempo. Una de ellas fue
la orden de Montegaudio, a la que desde 1188 encontramos ya dividida
en dos ramas, la aragonesa, fusionada con un hospital turolense
bajo el nombre de orden del Santo Redentor de Alfambra e incorporada
al Temple desde 1196, y la castellana, rebautizada como orden de
Monfragüe y unida a la de Calatrava a partir de 1221. Menos
complicada es la trayectoria de la segunda fundación a la
que antes aludíamos, la orden de Alcalá de la Selva.
Se trata, en este caso, de un ejemplar de militarización
posterior de una orden carente en su inicio de tal carácter,
al estilo de las frecuentes transformaciones que se producían
en Tierra Santa. |
Los
selvenses constituían una fundación benedictina radicada
en el monasterio burdegalense de Grande-Sauve y extendida por tierras
oscenses y zaragozanas desde finales del siglo XI. Sería
Alfonso II quien, entregándoles la fortaleza turolense de
Alcalá en 1174, les dotaría de su carácter
militar hasta su oscura disolución a mediados, o quizá
segunda mitad del siglo XIV.
Dejando
a un lado los ejemplos anteriores, el ámbito político
de la Corona de Aragón es escenario, de una fundación
relativamente tardía, la de la orden de San Jorge de Alfama,
creada en las costas catalanas de Tortosa por Pedro II en 1201,
con el fin de protegerlas de la piratería musulmana.
Entre
las últimas décadas del siglo XIII y las primeras
del XIV se produce en el conjunto de Occidente un hecho de trascendentales
consecuencias políticas: nace, aunque tímidamente
y bajo muy elemental apariencia, el concepto de soberanía
real y desde Alfonso X de Castilla hasta Felipe IV de Francia plantean
veladamente ser emperadores en sus respectivos reinos. Y las órdenes
no se escaparán de esos esfuerzos “nacionalizadores”.
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Este tipo
de órdenes lo constituyen órdenes como la castellana
Santa María de España, de La Estrella o de Cartagena,
fundada en 1272 y de apenas una década de existencia. Desde
la disolución de la orden del Temple se dio paso a la formación
de dos órdenes casi paralelas: una catalano-aragonesa y otra
portuguesa. La primera es la orden de Santa María de Montesa,
de 1317, una institución genuinamente valenciana formada
a partir de la agregación a las casas templarias del reino
de Valencia de las posesiones de la orden de San Juan de Jerusalén. |
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Algo
semejante cabe decir a lo acontecido con Montesa cabe decir de la
portuguesa orden de Cristo de 1319, refundación del temple
controlada por la corona lusa, tras la formal disolución
canónica de la institución original. A partir de 1300,
los reyes portugueses consiguieron favorecer la escisión
de los santiaguistas portugueses respecto de la institución
maestral castellana para crear una orden propia de Espartarios que
vería su reconocimiento a mediados del siglo XV. |
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