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La
vida de los freires estaba regulada por las horas canónicas.
Se levantaban a maitines, primera oración de la
jornada, cuando el sol todavía no había salido, y
se acostaban tras el rezo de completas, con el sol ya oculto.
Las distintas reglas y normativas prescribían que todos los
freires sanos debían descansar en el mismo dormitorio, vestidos
y con una candela permanentemente encendida. En la práctica,
muy pronto se empezaron a admitir excepciones que acabaron con la
individualización del espacio conventual en celdas. |
Todos
comían en el refectorio; debían hacerlo en silencio,
aunque no faltan testimonios de los alborotos que podían
llegar a producirse, con agresiones incluidas. Pronto, las excepciones
fueron autorizando que no sólo el maestre y otros altos dignatarios
comieran aparte, sino que lo hicieran también el resto de
los freires. |
Las alusiones de
algunas reglas al pan y al agua que el maestre estaba obligado a
proporcionar a sus freires, eran mera retórica. De hecho,
se sabe que, a diferencia del resto de los monjes y religiosos conventuales,
los freires podían comer carne hasta dos y tres veces por
semana, y aunque desde luego estaban sujetos a ayunos y abstinencias,
estos nunca coincidían con períodos de actividad militar.
Esta particular dedicación era la causa de la excepcionalidad
del régimen alimenticio de los freires de órdenes. |
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También
era esa la causa de ciertas especificidades en lo relativo a la
vestimenta. En las primitivas ordenaciones calatravas, se prescribía
la utilización por parte de los freires de calzones de lino
y túnicas apropiadas para montar a caballo; el hábito
religioso, en cambio, estaba constituido por mantos forrados de
piel de cordero, capas y escapulario, sin ningún tipo de
adorno y evitando siempre colores y calidades que no se ajustasen
a los empleados habitualmente por los cistercienses. |
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Sobre los hábitos
eran bordadas cruces que sólo con el tiempo adoptaron la
tipología que hoy nos resulta familiar. La cruz patada (ensanchada
en sus puntas) del Temple pudo ser muy temprana, quizá de
mediados del siglo XII; la característica cruz de ocho puntas
de los hospitalarios, en cambio, no se documenta antes del siglo
XIII, pero las estereotipadas cruces de las órdenes hispánicas
no son anteriores a finales del siglo XIV y principios del XV. |
La participación
de los freires en los oficios religiosos no siempre era muy activa
dado el desconocimiento que muchos de ellos tenían del latín,
pero estaban, en cualquier caso, obligados a rezar un número
considerable de padrenuestros por las intenciones más diversas,
hasta 150 diarios en el caso de los hospitalarios. |
En
tiempos de paz, y cuando no se hallaban ocupados en rezos, los freires
quedaban a disposición de sus superiores para la realización
de distintos cometidos. De hecho, de entre los freires caballeros
se nutrían algunos de los oficios conventuales que comportaban
responsabilidades administrativas, y es obvio que estas últimas
constituían la función fundamental de los freires
en las encomiendas. |
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Otros,
sin ser sergents, se dedicaban a trabajos manuales especializados
que habían desempeñado antes de profesar; así
era, al menos, entre los santiaguistas, cuya regla contemplaba,
además, la existencia de freires medrosos o inhábiles
para las armas, que eran destinados a labores de apoyo en la casa.
Sin embargo, es difícil documentar
prácticas de adiestramiento militar. Los teutónicos,
por ejemplo, tenían expresamente prohibido dedicarse a esos
combates simulados que eran las justas y torneos, tan mal vistos
desde siempre por la Iglesia. Y, en general, les estaba vedado a
ellos y a los freires de otras órdenes entretenerse en esas
otras aficiones sustitutorias de la guerra como eran la caza y la
cetrería, aunque los santiaguistas en este punto, y una vez
más, constituyeron desde temprano una excepción, que
acabaría con el tiempo ampliándose.
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