La
creación de personajes es un punto donde se nos muestra esa
comunión entre sencillez y diversidad que ofrece el juego.
A
través de 21 profesiones básicas (que posteriormente
han sido ampliadas) vemos el amplio abanico laboral de la Edad Media,
divididos estos trabajos a su vez por las diferentes clases sociales
imperantes en la época.
Así,
mediante el azar de una primera tirada determinamos nuestra
posición social (Alta nobleza, Baja nobleza, Burguesía,
Villanía o Campesinado) y dependiendo del resultado,
elegiremos voluntariamente la profesión que más
nos guste dentro de ese grupo (las reglas también
contemplan la posibilidad de elegir una segunda profesión).
Elegida la profesión y después de pormenorizar
otras cuestiones que complementan a nuestro personaje (como
su situación familiar, o su nacionalidad) nos dispondremos
a repartirnos 100 puntos entre las competencias primarias
de nuestro personaje y que son las siguientes: Fuerza,
Agilidad, Habilidad, Resistencia, Percepción, Comunicación
y Cultura. Creo
que son características son sencillas y que no ofrecen
dificultad si bien hay que decir que la Resistencia será
lo que podríamos llamar “puntos de vida”.
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Y
el último momento importante en la creación del personaje
es el determinar las competencias de la profesión que hayamos
elegido. Dispondremos de otros 100 puntos a repartir entre las competencias
principales y secundarias de esa profesión, puntos que nos
mostrarán nuestro porcentaje de acierto con dicha competencia,
desde usar la espada o cabalgar hasta falsificar o nadar.
Finalmente,
terminaremos la creación del personaje con una serie de tiradas
en la tabla de rasgos de carácter que le darán un
aspecto muy interesante de cara a la interpretación pues
se recogen peculiaridades como tener un miedo terrible al agua,
ser cleptómano u homosexual.
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