Desenlace

 

La Edad Media española fue una época contradictoria, en la que se sucedieron períodos de intensa belicosidad y fanatismo intolerante con otros de gran avance cultural y tolerancia. En definitiva, nos encontramos con un panorama diverso y, ante todo, multicultural.

Por una parte hallamos a los reinos cristianos (Castilla, Navarra y Aragón) y por otra, el territorio musulmán, con tantas diferencias entre ambos como la noche y el día pero, no obstante, unidos por las relaciones de comercio y otros préstamos culturales y sociales debido a la convivencia en común. Pero también hay que añadir a la dispersa población judía por toda la Península.

Las tres religiones convivían más o menos pacíficamente (con varios períodos de persecución e intolerancia por ambos lados) durante varios siglos, sobre todo entre los siglos X y XIV si bien hay que añadir aquí que el marco de la reconquista estará muy presente, a veces sólo como telón de fondo y otras con máximo protagonismo, en nuestras partidas.

Como todos sabemos, la importancia de la Iglesia Católica en esta época es máxima y casi todo giraba en torno a su presencia: marcaba la vida cotidiana (horas del día, calendario, fechas importantes,...); mantenía los centros de cultura (bibliotecas, escuelas, copia de libros,...)

También se crearon centros de peregrinaje (a Santiago de Compostela), con lo que se fomentaban las relaciones internacionales, y órdenes militares que velaban por valores como el valor, la fuerza y la religión.

Es la época de las grandes construcciones eclesiásticas: monasterios, iglesias y catedrales.

Pero por supuesto no todo en la Edad Media era de color de rosa: enfermedades, miseria y hambre asolaban sin piedad a un población analfabeta y pobre que apenas si podía defenderse de estas no infrecuentes plagas.

Todo ello enmarcado por un feudalismo que asfixiaba a unas gentes que se veían a veces en la necesidad forzosa de recurrir al bandidaje en no pocas ocasiones para poder dar de comer a sus hijos.

O como dice un buen amigo mío no sin cierta socarronería: “un mundo donde cada visita a la taberna puede ser la última, donde la sangre baña los caminos y los ríos bajan preñados de blasfemos abortos...”.

La superstición también jugará un papel muy condicionante en la vida medieval, el miedo y la oscuridad inundan los caminos de una noche que es mejor no descubrir. Las criaturas de leyenda, el Diablo y los sermones apocalípticos de los curas harán que la gente tema y recele de la magia aunque no pueda evitar verse envuelta de una u otra manera...

Como esto tampoco pretende ser una página de historia, creo que lo mejor es que lo dejemos así, con esta serie de ideas generales que son ampliadas y pormenorizadas de forma muy correcta en el manual del juego.

Por último, con la ampliación de Villa y corte, Aquelarre puede ser llevado hasta los siglos XVI y XVII donde podremos disfrutar de aventuras, para mi gusto, más “refinadas y palaciegas” que de costumbre pero con la posibilidad, claro está, de poder utilizar las armas de fuego lo que le da un nuevo aire al juego.