 |
La
brujería es un fenómeno limitado en el tiempo y
en el espacio. Podemos circunscribirla a Europa occidental y central
y entre los siglos XIV y XVIII, aunque el periodo de mayor virulencia
represiva se sitúa en las centurias centrales.
Esta es una descripción
de la época:
|
“Se
trata de un linaje de gentes que se conciertan expresamente con
el demonio y le toman y obedecen por señor, y se dejan
señalar de él como esclavos suyos, porque les pone
una señal, la cual dice el vulgo que traen siempre en uno
de los ojos, figurada a la manera de una mano de topo, y por ella
se conocen los unos y los otros, porque hacen entre sí
muchos de ellos una hermandad o cofradía y se juntan a
ciertos tiempos, para sus maldades y deleites infernales. Y cuando
así hacen estos ayuntamientos, siempre hacen su acatamiento
y reverencia al demonio, el cual, por la mayor parte, se les muestra
y perece en figura de cabrón”. |
La
brujería, tal como se la concibió en los siglos
de la gran cacería, era un concepto totalmente nuevo que
fue enriqueciéndose con el paso de los años con
las aportaciones teóricas de magistrados y teólogos,
hasta concluir en la definición clásica de tal acepción.
Para entonces, las autoridades eclesiásticas consideraron
herético negar la existencia de brujas. |
|
Las
cifras que hoy día se barajan de ejecutados a lo largo
de los siglos de cacería por Europa ascenderían
entre los 150.000 y los 250.000. Pero es imposible conocer el
número de las víctimas de linchamientos, o las ejecutadas
por la justicia señorial pues en ninguno de los casos solía
quedar registrado el suceso.
Las
cifras contabilizadas en España muestran que la incidencia
de este delito en los tribunales inquisitoriales fue mínima,
y la por poción de condenadas a muerte muy inferior al
resto de los tribunales europeos.
|
 |
Y pese a la existencia de un gran número
de confesiones, se conoce muy poco sobre los historiales de
mujeres que reconocieron libremente ser brujas, aunque hubo
algunas que creyeron firmemente que podían volar por
los aires y tener relaciones sexuales con los diablos.
Sin embargo, ni mucho menos todo el mundo creía
en aquel entonces en las brujas o, al menos, en sus verdaderas
prácticas mágicas ya que algunos insistían
en que todo aquello no eran más que fingimientos y embustes
con fines puramente sexuales.
|
Para ello inventaban aquellas
reuniones y misterios de maldad, donde tal vez alguno de estos
interesados se disfrazase de Satanás para cometer, finalmente,
todo tipo de fornicaciones, adulterios y sodomías. |
Por último,
en cuanto a la supuesta capacidad para volar todo podía
ser explicado por medio del consumo deliberado o inconsciente
de drogas por parte de las supuestas brujas. Andrés de
Laguna (médico de cabecera de Carlos V y del papa Julio
II) creía firmemente que eran estas supuestas brujas las
que preparaban ellas mismas ungüentos y pócimas que
provocaban las alucinaciones. Y no sólo les hacía
perder el sentido sino que les provocaba ilusiones tan claras
y vigorosas, que los afectados, al volver en sí, las recordaban
como si hubieran sucedido en realidad. |
|
|