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El Mal de Ojo
De
todas las enfermedades atribuidas al poder maléfico de
ciertas personas, la más conocida fue el llamado “mal
de ojo” o “aojamiento”. Dicha dolencia solía
afectar principalmente a los niños de corta edad y a
personas ancianas o debilitadas. Sus síntomas no están
claros pero generalmente era provocada de manera inconsciente.
Y en muchas ocasiones, el síndrome tenía fatales
consecuencias, desembocando en la muerte por consunción
de la victima.
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Los
principales transmisores de la enfermedad eran las mujeres, y
entre ellas, las más ancianas; también eran temidas
las brujas, porque al poder natural de la mirada femenina, se
unía la malicia, es decir, que conscientes ellas del poder
de su mirada, lo usaban para maleficiar a las personas. También
fueron muy temidas por esta misma particularidad, las gitanas
y, en general, cualquier persona extraña a la comunidad.
Para preservar a los niños
de los efectos malignos de las miradas de los extraños,
las madres solían colgar espejos en el cuello y los pelos
de sus hijos pequeños; también se utilizaban amuletos
y talismanes de origen árabe.
La enfermedad producida por mal
de ojo se puede presentar de distintas formas, manifestándose
comúnmente como dolencias que afectan al aparato digestivo
y a la cabeza. Los trastornos se caracterizan por síntomas
de inapetencia, desgana, decaimiento, ojos caídos, dolor
de cabeza en todas sus facetas, etc. Cuando un individuo ha sido
víctima del mal de ojo, lo que le sucede es que “se
le para la comida en el estómago”; esto se denomina
“empacho”. No obstante, como es obvio, dicho trastorno
puede ser debido a causa distinta al “aojo”.
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La
Ligadura
La “ligadura” era
un síndrome que se achacaba al efecto de un maleficio,
debido al cual, el hombre afectado quedaba impotente para realizar
el acto sexual. Como es natural, era un hechizo muy temido pues
dejaba al hombre en muy mal lugar ante la sociedad y la familia. |
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Pero
este hechizo también era útil para impedir cualquier
acto, un casamiento, un parto, etc., y para su práctica
bastaba con permanecer con las manos apretadas sobre la rodilla.
Por esta razón, los familiares de una parturienta vigilaban
para que ninguno de los presentes en el alumbramiento permaneciese
sentado con las piernas cruzadas o con las manos o los dedos entrelazados. |
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La
Posesión Diabólica
En
los siglos pasados la posesión diabólica fue bastante
común. En la Edad Media este estado hacía referencia
a una dolencia fingida o real que debido al desconocimiento de
las alteraciones mentales, se achacaban a la posesión por
uno o más demonios, casi siempre debida a la acción
maléfica de alguna hechicera que actuaba por cuenta propia
o ajena. Los afectados por una posesión diabólica
presentaban una alteración profunda del carácter;
aparentaban conocer lenguas o cosas ocultas; reaccionaban violentamente
ante la presencia de objetos consagrados, como el agua bendita,
la hostia o la estola del sacerdote; maldecían; blasfemaban;
hacían gestos obscenos acompañados con palabras
soeces, etc.
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Y como ocurre
en todo el entorno supersticioso, existían especialistas
en reconocer a los posesos y expulsar los espíritus invasores.
La creencia en la posesión por demonios no fue patrimonio
de las clases incultas, ni mucho menos, pues en muchas ocasiones,
eran los propios médicos quienes diagnosticaban a sus pacientes
como posesos, opinión que después debía ser
corroborada por el sacerdote, confesor u otro eclesiástico,
especializado. Pero, evidentemente, frente a estos profesionales
autorizados, aparecen, ejerciendo una dura competencia, un sinfín
de pícaros que decían poseer un “gracia”
especial para conocer este estado, sin duda una divertida fuente
para las aventuras de los personajes. |
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