Magia y Enfermedad (II)

Santiguadores

Uno de los recursos más extendidos por los curanderos, para enfrentarse a traumatismos, heridas y todo tipo de enfermedades, fue el trazar cruces sobre el área afectada y pronunciar ciertas palabras al mismo tiempo. Dicha práctica aún se conserva en algunos lugares, pero en la Edad Media constituía la de los santiguadores una auténtica especialidad en el campo de la medicina popular.

Saludadores

De todas las formas de curanderismo, sobresale por lo peculiar la de los saludadores, llamados así por el vulgo porque daban salud, lo cual en sí mismo, no tiene nada de extraño pero estos personajes tenían ciertas peculiaridades que los hacían diferentes al común de los mortales incluso desde el mismo momento de su nacimiento, ya que en éste habían de concurrir ciertas circunstancias para permitirle ser incluido en este exclusivo gremio de los saludadores.

La Inquisición nunca reprimió sus actividades si no cometían otros delitos. De hecho, cuando el saludador aparece en las relaciones de causas, esta actividad aparece como su profesión y las acusaciones suelen ser por falsificación de documentos, fraudes, estafas, adivinación, etc.

Las facultades de que hacían gala estos personajes eran de carácter mágico, y la cualidad de saludador les era conferida por las especiales condiciones del nacimiento, como haber nacido en viernes (si era un Viernes Santo, tanto mejor); ser el séptimo hijo varón de un matrimonio cuyos primeros seis hijos hubieran sido también varones; haber llorado en el vientre de la madre, o nacer con el “mantillo” (la bolsa amniótica que normalmente es expulsada algo después del bebé).

El saludador pasaba además por ser un santo varón, familiar de Santa Quiteria o de santa Catalina, razón por la cual algunos llevaban grabados en el cielo de la boca los símbolos que las representaban.

Estos profesionales eran contratados por asociaciones de labradores, los cabildos, o por particulares, para frenar las epidemias del ganado, o curar a las bestias enfermas; aunque su especialidad era curar el mal de la rabia, tanto en el hombre como en los animales.
La forma de actuar del saludador era sumamente curiosa, pues al residir su poder curativo en la saliva, sanaban escupiendo al enfermo o a los alimentos que iban a comer. La “gracia” del saludador no era transmisible, por tanto, su número fue siempre muy escaso. Por ello, cuando viajaban de una aldea a otra, eran seguidos por una multitud que esperaba ávida recoger los restos de comida, o los objetos que habían sido tocados por su preciosa y milagrosa saliva.

Medicina preventiva. Cédulas, nóminas y talismanes

Fueron un método importante y muy extendido de preservarse de enfermedades, accidentes y otros peligros. La mayoría de la población usaba de cédulas y nóminas, versión cristiana de los amuletos y los talismanes árabes, a pesar de estar expresamente prohibidos por la Iglesia.

Estos objetos solían llevarse encima, generalmente en una bolsita colgada al cuello, y los había con unas funciones específicas como, tener suerte en el juego, no ser apresado por la Justicia, preservar de heridas y muerte por arma blanca o de fuego, contra determinadas enfermedades, el mal de ojo, les hechizos, etc. Por lo general, el uso de estos objetos no constituía razón suficiente para ser molestado por el Santo Oficio, salvo que concurran otros delitos, como el uso supersticioso o sacrílego de objetos sagrados.