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Santiguadores
Uno de los recursos más
extendidos por los curanderos, para enfrentarse a traumatismos,
heridas y todo tipo de enfermedades, fue el trazar cruces sobre
el área afectada y pronunciar ciertas palabras al mismo
tiempo. Dicha práctica aún se conserva en algunos
lugares, pero en la Edad Media constituía la de los santiguadores
una auténtica especialidad en el campo de la medicina popular. |
Saludadores
De todas las formas de curanderismo,
sobresale por lo peculiar la de los saludadores, llamados así
por el vulgo porque daban salud, lo cual en sí mismo, no
tiene nada de extraño pero estos personajes tenían
ciertas peculiaridades que los hacían diferentes al común
de los mortales incluso desde el mismo momento de su nacimiento,
ya que en éste habían de concurrir ciertas circunstancias
para permitirle ser incluido en este exclusivo gremio de los saludadores. |
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La
Inquisición nunca reprimió sus actividades si no
cometían otros delitos. De hecho, cuando el saludador aparece
en las relaciones de causas, esta actividad aparece como su profesión
y las acusaciones suelen ser por falsificación de documentos,
fraudes, estafas, adivinación, etc.
Las facultades de que hacían
gala estos personajes eran de carácter mágico, y
la cualidad de saludador les era conferida por las especiales
condiciones del nacimiento, como haber nacido en viernes (si era
un Viernes Santo, tanto mejor); ser el séptimo hijo varón
de un matrimonio cuyos primeros seis hijos hubieran sido también
varones; haber llorado en el vientre de la madre, o nacer con
el “mantillo” (la bolsa amniótica que normalmente
es expulsada algo después del bebé).
El saludador pasaba además
por ser un santo varón, familiar de Santa Quiteria o de
santa Catalina, razón por la cual algunos llevaban grabados
en el cielo de la boca los símbolos que las representaban. |
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Estos
profesionales eran contratados por asociaciones de labradores,
los cabildos, o por particulares, para frenar las epidemias del
ganado, o curar a las bestias enfermas; aunque su especialidad
era curar el mal de la rabia, tanto en el hombre como en los animales. |
La
forma de actuar del saludador era sumamente curiosa, pues al residir
su poder curativo en la saliva, sanaban escupiendo al enfermo
o a los alimentos que iban a comer. La “gracia” del
saludador no era transmisible, por tanto, su número fue
siempre muy escaso. Por ello, cuando viajaban de una aldea a otra,
eran seguidos por una multitud que esperaba ávida recoger
los restos de comida, o los objetos que habían sido tocados
por su preciosa y milagrosa saliva. |
Medicina
preventiva. Cédulas, nóminas y talismanes
Fueron un método importante
y muy extendido de preservarse de enfermedades, accidentes y otros
peligros. La mayoría de la población usaba de cédulas
y nóminas, versión cristiana de los amuletos y los
talismanes árabes, a pesar de estar expresamente prohibidos
por la Iglesia.
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Estos objetos
solían llevarse encima, generalmente en una bolsita colgada
al cuello, y los había con unas funciones específicas
como, tener suerte en el juego, no ser apresado por la Justicia,
preservar de heridas y muerte por arma blanca o de fuego, contra
determinadas enfermedades, el mal de ojo, les hechizos, etc. Por
lo general, el uso de estos objetos no constituía razón
suficiente para ser molestado por el Santo Oficio, salvo que concurran
otros delitos, como el uso supersticioso o sacrílego de
objetos sagrados. |
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