Hechicería
La hechicería es la versión popular de la magia. Como sistema mágico, se basa en la suposición de que el cosmos es un todo y que existen conexiones ocultas entre todos los fenómenos naturales. El hechicero, con sus conocimientos y poder, intenta controlar o influir en esas conexiones para conseguir los fines prácticos deseados. Y debido a la influencia del sector eclesiástico, todas las actividades de carácter mágico llevaba implícita cierta relación con el demonio, razón por la cual todas las prácticas de magia fueron consideradas heréticas.
Una descripción de un autor del siglo XVI dirá lo siguiente: “Hechiceras se dicen aquellas que, aunque no dejan tener familiaridad y conversación con el demonio, es de tal manera, que ellos mesmos apenas entienden el engaño que reciben; y porque se aprovechan de algunos signos y caracteres y otras supersticiones, en que tácitamente invocan nombres de demonios y se aprovechan de su ayuda; y para que con mayor disimulación el demonio las tenga de su bando, aprovechanse juntamente con algunas propiedades de yerbas y raíces y de piedras y de otras cosas que tiene virtudes ocultas; y así van mezclando lo uno con lo otro, que son la magia natural con la del demonio”.
En sentido amplio, la hechicería sería el conjunto de prácticas que pretenden la manipulación de la naturaleza por medios no naturales. Para ello se vale, por un lado, de las propiedades ocultas de las plantas, minerales y fluidos animales, los cuales utiliza para la preparación de remedios terapéuticos, filtros amorosos, o venenos que pueden usarse para provocar enfermedades o la muerte. Además de los recursos materiales, el hechicero utiliza unas fórmulas orales llamadas conjuros que, recitados durante la ceremonia o ritual mágico, cargan o aumentan el poder de la preparación.

En fin, el jugador que alguna vez haya llevado un personaje de este tipo conoce bien este punto.

La hechicería puede detectarse en todas las sociedades, así también en la de la Edad Media. Y aunque se trata de una aventura individual, no puede tener lugar fuera del grupo. Así pues, los hechiceros y hechiceras forman parte activa de la población a la que puedan pertenecer, como el médico, el herrero o el sacerdote y ofrecen unos servicios que son valorados por sus vecinos. Además, podemos decir que existen siempre grandes coincidencias entre los hechiceros, tanto en las prácticas como en los instrumentos que utilizan.

El Hechizo

En términos generales, las relaciones entre los humanos están teñidas por sentimientos como el amor, el odio, la envidia, la indiferencia, etc.; ellos son los motores de cualquier acción. Por tanto, los actos del hechicero o de su cliente estarán inspirados en las emociones humanas, y el hechizo, principal expresión de la hechicería, puede dirigirse a obtener resultados benéficos (amor, sexo, salud, riquezas, etc.) o, por el contrario, maléficos o dañinos (impotencia, odio, rivalidad, enfermedades, ruina económica, muerte, etc.).

El hechizo consiste en un conjunto de procedimientos mágicos que tienen como finalidad forzar la voluntad de los demás. El más simple consta de tres elementos: el oficiante o hechicero, unas fórmulas o palabras que conforman el conjunto, y el ritual que acompaña a las palabras. Esto último actúa como canalizador de la energía y la atención del operador. Otras veces se utilizan en el hechizo algunos elementos de origen mineral, vegetal, animal o humano, que se consideran cargados de cierto poder o influencia.
El modus operandi del oficiante determina su cualidad o categoría. En el acto mágico, la actitud y cualidades del operador son de capital importancia, pues de su capacidad de visualización y de su poder de concentración dependen, en gran medida, los resultados. El mago fortalece su poder con el estudio y la disciplina, y es precisamente la voluntad y actitud del operador lo que hace efectivo el conjuro, que por sí mismo carece de valor.