La Magia y sus Clases
Es difícil encontrar una definición satisfactoria de la magia. Esto se debe, en parte, al extenso campo de actividades y procesos tan dispares que comprende: múltiples formas de adivinación (astrología, oniromancia, suertes, hidromancia, tarot, quiromancia, etc.), hechicería (magia amorosa, magia negra, magia protectora, etc.), brujería, necromancia, cábala, etc.

Aunque el origen de la magia se pierde en la noche de los tiempos, ya se utilizaba esta palabra en Grecia para referirse a las oscuras artes practicadas por la casta sacerdotal de los magos.

Y este concepto negativo forjado en Grecia fue el adoptado unánimemente por la Iglesia, que la perseguiría vehementemente como sabemos a lo largo de la Edad Media.
En un intento por encontrar una definición de magia que represente el concepto popular y que todos tenemos de magia, éste podría ser: el poder o facultad para ejecutar actos que pueden parecer extraordinarios o milagrosos. Y pueden parecer milagros pero nada tienen que ver con ellos aunque sus efectos puedan parecer cercanos.

Y aunque en sentido estricto magia sólo hay una, dependiendo de diferentes criterios encontramos distintas categorías, si bien, los límites de éstas nunca son claros ni exactos.

En primer lugar y atendiendo al fin que se persigue, podemos hablar de una “magia benéfica”, cuando está encaminada al bien, y otra “maléfica”, cuando pretende provocar algún perjuicio. Estas dos categorías son conocidas respectivamente como “magia blanca” y “magia negra”, respectivamente, y coinciden con los conceptos griegos de teurgia y goetia. Por asociación, se las conoce como “magia divina” o “lícita”, y “magia diabólica” o “ilícita”.
También a veces encontramos los términos “magia alta”, “magia baja” y “magia popular”; la primera, también llamada “magia culta”, tiene su origen en la numerología, la astrología y la religión del Oriente Media, así como en la filosofía y las matemáticas griegas. Se concentra en la adivinación del futuro, en la comprensión del Universo por medio de la alquimia y la astrología, y en la manipulación de las fuerzas cósmicas mediante la palabra. La magia baja, asociada con la hechicería, se considera una variante de magia alta corrompida. En la magia popular, de ámbito rural, es donde se mantuvieron con mayor insistencia las tradiciones precristianas, y llegó a asociarse con la brujería.
Por otra parte, nos podemos referir a otras dos clases de magia, que provienen de la distinción de los tribunales eclesiásticos; la “matemática”, que por medio de reglas aritméticas y geométricas lograba objetos maravillosos; y la “natural” o “elemental”, que mediante la composición o unión de ciertas cosas, podía conseguir efectos increíbles. Tanto una como otra son naturales, y pueden practicarse sin necesidad de recurrir al diablo, por tanto, no habría nada reprensible en ellas. Pero de las dos nació una tercera, la magia de “brujería” o “maléfica”, en la que se empleaban mucho los encantamientos e invocaciones a espíritus impuros, y ésta sí debía ser tratada como herejía por la Iglesia.
Así, existirán prácticas de la magia que harán que su autor pueda incurrir en delito, hallando de esta manera una penalización legal. Se podrían ver tres tipos de hechos mágicos: hechicerías haerética facta, que eran aquellas que entraban de plano en la categoría de herejía por su supuesto trato con demonios; las hechicerías haereticalia, que serán aquellas cuya relación con los demonios no estaba clara y, por tanto, sólo eran sospechosas de herejía; por último, la hechicerías non hareticalia, que eran las que quedaban libres de sospecha de herejía por no tener dichos actos vinculación alguna con demonios o espíritus impíos.