Magia Amorosa. Hechizos de Atracción y Repulsión.
Es el terreno del amor y el sexo donde, sin ninguna duda, la hechicería tiene su campo de acción más importante. Y se trata de la parcela mágica donde el predominio femenino es más evidente y donde se inician la mayoría de las hechiceras fueron acusadas. Esto no debe sorprendernos ya que, a fin de cuentas, el amor, el odio, el sexo y los celos, generan los deseos y pasiones más violentas, pudiendo cualquiera de ellas inducirnos a realizar acciones que, en condiciones normales, serían impensables.
Sin embargo, la satisfacción sexual no era precisamente la petición más solicitada, y es el amor, en su sentido más amplio (placer, cariño, amistad, armonía conyugal o seguridad económica) lo que buscan quienes recurren a la magia. Por ello, encontramos la demanda de que su pareja “la quiera bien” o “que se venga a casar con ella”. Frente a éstas, claro, encontramos a mujeres casadas o viudas que sueñan con un galán joven que satisfaga sus fantasías sexuales.

HECHIZOS DE ATRACCIÓN

Este género de hechizos y que conocemos por la lista de conjuros del juego, tiene como finalidad principal la de inducir en un sujeto determinado un fuerte sentimiento de atracción hacia el operante u otra persona indicada. En la mayoría de los casos la intención del conjuro es la consecución de un buen matrimonio, obtener la pareja ideal; no obstante, en otros casos sólo se pretende la satisfacción sexual.

Naturalmente, las hechiceras de la época estaban preparadas para satisfacer todo tipo de peticiones por parte de sus clientes; ya fuese traer al amante que se halla lejos; impedir adulterios, ocultar infidelidades o hacer que el cónyuge la consienta; dar vigor al amante; atraer al sexo opuesto, etc.
Entre los muchos recursos utilizados por las hechiceras para satisfacer estas demandas se encuentran en las oraciones mágicas, siento la más socorrida la de “Santa Marta”, personaje ambiguo que unas veces aparece como “la santa” y otras como “la mala”, con cierta influencia o privilegio en el infierno o, directamente, como reina de las tinieblas.
Además de las oraciones y otras fórmulas invocatorias, las hechiceras contaban con una extensa gama de productos de origen animal y vegetal a los que se suponían un poder afrodisíaco así como la utilización de muñecos de cera, nóminas, amuletos, cartas de toque, etc. Pero sin duda alguna, nada podía compararse a los fluidos procedentes del cuerpo humano en cuanto a la capacidad para inducir el deseo sexual.

Los elementos más poderosos eran el semen del hombre y la sangre menstrual de la mujer, pero también solían utilizar otras secreciones genitales, la saliva, el sudor de las axilas, vellos del pubis, e incluso el agua utilizada para lavarse dichas partes.

HECHIZOS DE REPULSIÓN

Son la otra cara de la moneda. La otra forma de asegurar la fidelidad del cónyuge consistía en apartarle de cualquier otra relación, llevando a cabo acciones encaminadas a provocar la repulsión hacia las rivales. Así pues, la finalidad de estos hechizos no es otra que proteger los intereses de las demandantes.