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La
magia negra o maléfica es, por definición, la que
pretende causar daño, bien atentando contra los bienes
de una persona o grupo (provocando tormentas, tempestades, granizo,
sequías, incendios, epidemias, etc.), bien infligiendo
lesiones, impidiendo el acto carnal, provocando abortos, enfermedades,
o la muerte. En definitiva, toda acción mágica que
buscando el beneficio de un sujeto, requiere un sacrificio de
sangre, causa daños a terceras personas o coarta sus libertades
como en los hechizos de dominación.
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Estos
actos suelen asociarse con la brujería que incluye la adoración
al diablo y la práctica de maleficios. La asistencia al
aquelarre, de todas maneras, no fue, en ningún momento,
requisito indispensable de la magia negra. |
Durante
mucho tiempo se consideró que la brujería era más
propia de entornos rurales, parajes montañosos, regiones
mal comunicadas, oscuras, frías y lluviosos, y a la bruja
nos la presentaban como un ser oscuro, solitario y maligno cuyo
único afán era llevar el dolor a sus vecinos en
servicio de su demoníaco señor. Mientras que la
hechicera venía a ser casi como su antitesis; asimilada
al entorno urbano, formando parte de una comunidad, donde realiza
determinados servicios a sus clientes. No obstante, esta imagen
es parcial y poco realista pues muchas veces tenían una
clientela malévola, cruel y egoísta. |
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SACRFICIOS
DE ANIMALES
Desde tiempos
inmemoriales, los animales han sido utilizados como víctimas
propicias en rituales mágicos. En el Antiguo Testamento
abundaban los ejemplos, y estos pueden hacerse extensivos a
casi todas las religiones y culturas.
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Evidentemente,
la magia se sirvió también del recurso de ofrecer
una ofrenda que fuese grata a los espíritus a quienes
se solicitaba un favor. Así, son numerosas las fórmulas
mágicas que requieren la inmolación de un animal
para su ejecución, siguiendo las recomendaciones de ciertos
manuales de magia de la época, que insistían en
la necesidad del sacrificio cuando se pretende la ayuda de fuerzas
sobrenaturales.
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Podemos
señalar algunos animales que tenían ciertas cualidades.
Por ejemplo, un pájaro tan común como la abubilla
tenía gran valor como remedio para atraer a las mujeres.
Un gato negro le serviría también a una hechicera
para crear un hombre invisible. Otros animales empleados podían
ser las gallinas, las lagartijas o las culebras. |
SACRIFICOS
HUMANOS
Los casos de sacrificios humanos en ceremonias
mágicas, aunque menos frecuentes, no son excepcionales,
sobre todo si pensamos que en la época la magia era un
recurso más o menos habitual para satisfacer todo tipo
de intereses. Pero para no ahondar en tema tan macabro, sólo
apuntaré que la sangre de niños solía ser
utilizada para crear ungüentos mágicos y, en particular,
la sangre de niños sin bautizar era de gran utilidad
en los ritos.
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