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Se
conocen un sinfín de medios populares para descifrar el
futuro y las cosas ocultas, comúnmente llamados “suertes”
y basados, como su nombre indica, en la suerte, el destino o el
azar. El origen de las suertes es oscuro pero se sabe que eran
conocidas en época romana y que por su extrema simpleza
pudieron transmitirse oralmente. Eran fáciles de aprender,
rápidos en su ejecución y no requería conocimientos
especializados.
Veremos ahora algunos de los más
conocidos:
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Las
Habas
Uno de los métodos
utilizados por las hechiceras procesadas en el Tribunal de la
Inquisición es el conocido como “suerte de las
habas”. La forma de echar esta suerte es, básicamente,
la misma en todos los casos, y es de notar que el tiempo hizo
escasa mella en este método adivinatorio; aunque se observan
algunas variaciones, no afectan a lo esencial del mismo: las
habas se introducen en un pequeño saco de tela o bien
entre las manos, se realizaba un conjuro u oración, y
se tiraban sobre la mesa o el suelo. Según su disposición
al caer, se interpretaban como respuesta afirmativa y favorable
o, todo lo contrario.
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Los Naipes
Hay
que advertir que este método de consulta nada tiene que
ver con las cartas del tarot y con su serie de figuras
simbólicas llamadas arcanos, pues, al parecer, las hechiceras
estuvieron poco familiarizadas con él, aunque algunos
consideran que fue en España, alrededor del siglo XIV
donde se originó ese fenómeno y de aquí
pasó a Italia y tomó su forma definitiva al incorporársele
los conocidos arcanos mayores, llamados allí tarocchi.
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Para
sus consultas, las hechiceras utilizaban la baraja española
y señalaban de antemano las cartas que representarían
a la mujer y al hombre. A veces se hacía necesario señalar
una carta más. Generalmente la sota de espadas, con la
que se solía significar la mujer que amenazaba la estabilidad
de la pareja, o una rival de la consultante.
Se conoce la manera de aprender
a echar los naipes de Mariana Francisca Ramírez, vecina
de Granada, y que fue como sigue: antes de barajar las cartas,
dejaba acordado que el hombre sobre el que se deseaba saber estaría
representado por el rey de copas, y la consultante por la sota
de copas; si ambos naipes salían juntos era señal
de que dicho hombre la quería. Por supuesto, los naipes
debían haber sido “aderezados”, es decir, que
previamente, la dueña de la baraja recitaba unos conjuros
sobre ellos para añadirles la “gracia” especial,
así como la fórmula: “Naipes, yo os conjuro
con Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, y el señor
San Cebrián, que echó suertes en la mar, que si
buenas las echó, buenas las sacó, y así me
saque a mmí ésta que voy a echar”.
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El
Orinal
Se puso muy en boca en el siglo
XVII y se llevaba a cabo utilizando ese humilde recipiente que,
ya fuera de barro, loza, vidrio o metal, podía encontrarse
en cualquier hogar. Para llevar a cabo dicha consulta, algunas
adivinas tomaban el orinal, lo llenaban de agua, echaban en ella
tres gotas de cera y tres pajas, y después lo santiguaba
todo varias veces. |
Una vez acabada
esta fase de preparación, se encendía una vela y
se pedía a una de los presentes que rezase tres credos;
si el agua del orinal se volvía turbia, se consideraba
un mal presagio y significaría que el hombre por quien
se preguntaba estaba muerto; por el contrario, si el agua permanecía
clara, se consideraba una buena señal y el pronóstico
era favorable, significando en este caso que la persona sobre
la que se interrogaba estaba viva.
Una condición sine qua
non de este método adivinatorio era que la encargada d
observar el agua del orinal fuese una mujer virgen o preñada.
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El
Rosario
La
“suerte del rosario” era una medio que se prestaba
a la manipulación y a la estafa de incautos, aunque era
preciso tener mucha habilidad para llevarlo a cabo. No obstante,
otras lo practicaban de buena fe y daban absoluto crédito
a las respuestas obtenidas por este método. Se solía
practicar sujetando el rosario con una mano, teniendo la cruz
escondida en la misma y el resto pendiendo de ella. Si después
de recitado el conjuro se movían las cuentas alrededor
de la mano, se consideraba buena señal; si no lo hacían,
era mala. |
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Palmo
dentro, palmo fuera
Era una suerte muy fácil
de llevar a cabo y de interpretar. Consistía en medir el
brazo con la palma de la mano, y según sobrara, faltara
o quedara justa la medición, así se interpretaba.
Si quedaba justa se consideraba buena señal, siendo más
o menos mala en el resto de los casos. |
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