Manifestaciones mágicas de los musulmanes y moriscos granadinos
Entre los musulmanes, al igual que entre judíos y cristianos, estaban prohibidas ciertas artes mágicas, y continuamente sus ulemas (comunidades legales de estudiantes del Islam) advertían de: “no seguir hechiceros ni adivinos, ni agoreros, ni enetrólogos, ni asorteros, sino sólo a tu Señor”. Sin embargo, estas leyes y advertencias no tuvieron entre los fieles tanta fuerza como otras prescripciones del Islam.
Los musulmanes españoles no fueron una excepción y se mostraron tan atraídos por las suertes, agüeros y hechizos, como el resto de sus correligionarios, y cuando al fin se concluyó la reconquista por parte de los cristianos, su afición por las artes mágicas se vio incrementada por una concepción fatalista de la existencia y decadencia de su ciencia.
Así que simplemente tocaremos algunos aspectos de sus creencias y supersticiones.
La gente común, dada siempre a la curiosidad y a la superstición, trataba de adivinar el futuro con el alquiteb de los sueños o con las suertes de Dulcarnaín, resto del juego u oráculo de los dados de los árabes antiguos y buscaba preservarse también de la mala fortuna, las calamidades naturales o la ira de los grandes, en diversos conjuros, como anoxaras o bebedizos mágicos, e hirzes o talismanes, mezclados algunas veces, con palabras griegas o hebreas, figuras misteriosas y letras enigmáticas.
La creencia en el influjo de los astros, compartida por las otras culturas hispánicas, determinaba y reglamentaba casi todas las actividades de los moriscos. El día, la ora, o la presencia de la luna, eran de vital importancia para las actividades de los labradores y recolectores de hierbas medicinales, pero a veces, la excesiva fe en los cálculos de astrólogos y adivinos podía llegar a tener consecuencias muy graves.

La convivencia entre moriscos y cristianos provocó una especie de mezcolanza y contaminación de sus supersticiones, lo cual se comprobaba a propósito de las hierbas en la virtud que poseían aquella recogidas en la noche de San Juan, Navidad, San Felipe, Santiago o el 1 de mayo; el éxito de los injertos realizados durante el día de la Anunciación; la mayor fortaleza de los caballos herrados el día de San Esteban, etc.

Como era de esperar, las ceremonias y ritos supersticiosos de los moriscos granadinos fueron motivo de preocupación para las jerarquías eclesiásticas, por cuya razón se tomaron decisiones como la prohibición de enterrar a los difuntos de lado o con la boca hacia abajo; echar flores, hojas o piedras del río, sobre sus sepulturas, o llevarles comida y bebida a las tumbas. También se prohibió llevar o fabricar patenas o medallas donde se representaba la mano de Fátima o una Luna, debiendo llevar en su lugar cruces u otras imágenes más conformes con la doctrina católica.
Por último, dado que los moriscos compartían con los cristianos viejos su afición por la magia, se dictaron normas prohibiendo su práctica o visitar a hechiceros y adivinos. Pero ninguna de estas medidas tuvo éxito en su represión como lo demuestra lo extendida que se hallaban por la población todas aquellas supersticiones.

Con la creación de un Tribunal del Santo Oficio en Granada, las costumbres y usos moriscos se vieron sometidos a una estricta vigilancia, ayudados además en una labor de espionaje por los cristianos viejos, que detestaban las costumbres de sus vecinos. El número de moriscos procesados por prácticas mágicas o supersticiosas es bastante significativo, no obstante, en los comienzos de la represión de su cultura, tales acusaciones solían ir encaminadas a otros delitos más graves, como la duplicidad de matrimonio, defensa teórica de la fornicación, o los consabidos usos higiénicos, alimenticios y funerarios.

También aparecen acusaciones de hechicería asociadas a sus prácticas curativas, lo que prueba el deterioro de su antigua tradición médica; asimismo encontramos un buen número de moriscos asociados la búsqueda de tesoros, magia erótica, interpretación de sueños, etc.
De todas maneras, de las prácticas supersticiones de los musulmanes, la más universal fue el uso de los amuletos y los talismanes. Y, por supuesto, tampoco los moriscos podían concebir que alguien pudiera llevar una vida normal si no iba protegido de alguno de estos objetos; por ello, desde muy temprana edad eran ya una prenda haitual en el atuendo de estos conversos.