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La
parte oral del hechizo, es decir, la que se recita, se conoce
con el nombre de conjuro. Es, por tanto, una fórmula imprecatoria
compuesta de palabras e invocaciones con la que se pretende conseguir
un deseo. A veces, un conjuro es en sí mismo un hechizo,
cuando se supone que las palabras poseen el efecto necesario para
provocar el efecto deseado.
En los siglos XVI a XVIII, se
emplean de la misma forma los términos “conjuro”
y “oración” (oración supersticiosa que
no hay que confundir con la religiosa), y si bien, vienen a significar
lo mismo, hay diferencias entre ambos. |
En
el conjuro el lenguaje es más duro e imprecativo, la fórmula
es más corta y suele ir dirigida a las fuerzas infernales,
utilizándose frecuentemente la orden, “yo te conjuro”,
para dirigirse a los seres sobrenaturales que se solicitan. En
la oración, en cambio, se acostumbra a utilizar un lenguaje
más suave, con frecuencia está dirigida a entidades
celestiales y, aunque no usa el mismo lenguaje de la oración
religiosa, en su redacción la imita. |
En cuanto a los
elementos físicos, suponen el material de trabajo usado
por las hechiceras para la confección de sus hechizos y
contrahechizos. Algunos de ellos tenían, sin duda, un efecto
real por la presencia en su composición de sustancias activas
con propiedades estimulantes, alucinatorias, analgésicas,
abortivas, mortíferas, etc. Otros sólo parecen tener
valor psicológico, asociado a la superstición, como
la cera del cirio pascual, picos de golondrinas o sangre de niño.
El origen de estos elementos es muy variado como sabemos por el
manual del juego: |
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Del
reino mineral proceden: la magnetita o “piedra imán”,
carbón, mercurio, berilo, carbunclos, dragonita, ámbar
amarillo, ámbar gris, azogue, lapislázuli, solimán,
etc.
Del reino vegetal: el helecho,
romero, habas, alcanfor, cebolla albarrana, cepacaballo o equiseto,
agua de rosa, trébol, jazmín, culantrillo, estoraque,
laurel, ruda, beleño, mandrágora, estramonio, digital,
amanitas, aloe, hiedra, limón, vinagre, etc.
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Del
reino animal: la algalia, tela de caballo, placenta de diversos
animales, almizcle, picos de golondrina, colmillos de lobo y ojos
de loba, sangre de culebras, plumas y corazón de abubilla,
moscas, espina de erizos, aceite serpentino, venenos de distintos
animales, aceite de escorpión, barbas y sangre de macho
cabrío, cuerno de ciervo, huesos de corazón de ciervo,
hiel de diferentes animales, sesos de asno, etc. |
De
origen humano: semen, sangre menstrual o de otro origen, pelos,
uñas, sudor, orina, saliva, mantillo de niño, etc.
Objetos consagrados: hostias,
trozos de la piedra del altar, cera del cirio pascual, agua bendita,
etc.
Otros como: tierra de cementerio,
tierra pisada por la víctima del hechizo, trozos de ropa,
piedra del águila, soga de ahorcado, etc.
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