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Tanto
señores como vasallos se han servido en ocasiones de la
magia para sus propios intereses. Y sabían que ese mismo
podía ser utilizado en su perjuicio, razón por la
cual las leyes laicas coinciden en prohibir su práctica,
aunque, a veces, el texto de las mismas resulta un tanto ambiguo,
prohibiendo unas prácticas y otras no. No obstante, cuanto
más efectiva es la influencia de la iglesia, más
dura es la oposición de la magia.
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La
actitud de la Iglesia siempre fue clara y firme, y como institución
rectora en las sociedades medievales, su papel en la codificación
de las leyes fue muy importante. Su postura fue coherente con
su deseo de erradicar toda traza de paganismo, pero ya tenía
lejanos antecedentes den el Antiguo Testamento. |
En
la Edad Media existen dos legislaciones contra la magia. Por un
lado las eclesiásticas, que promulgaban cánones
que obligaban a laicos y eclesiásticos; en ellas preocupa,
sobre todo, la ofensa que los ritos mágicos suponían
a Dios. Por otro, las civiles, que podían prescribir diversos
castigos contra los crímenes mágicos, incluida la
pena capital, pero atendía más a los daños
causados por la magia que a las ceremonias mismas. |
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Sería
desde principios del siglo XIII, cuando el papa Gregorio IX formaliza
la creación del sistema inquisitorial y encarga a los frailes
dominicos la búsqueda de herejes, la acción judicial
contra la magia fue recayendo así cada vez más en
manos de los inquisidores, aunque los obispos no fueron despojados
de su jurisdicción en dichos delitos.
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La
Inquisición Española
Fueron
los Reyes Católicos quienes concedieron una gran importancia
a la cuestión religiosa y, al mismo tiempo, reconocieron
que la insinceridad de los conversos era un problema que requería
solución, pues se había convertido n una causa
de inestabilidad social en las grandes ciudades del reino. Parece
cierto que una buena porción de conversos seguía
fiel al judaísmo y practicaban sus ritos en la intimidad
de sus hogares, lo cual no era de extrañar dadas las
circunstancias en que hubieron de aceptar el bautismo, pero
el problema más grave, para determinados sectores, es
que se había convertido en el baluarte y el apoyo de
determinadas facciones políticas que se disputaban el
control de las ciudades.
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Por
otro lado, los dominicos, convertidos desde el siglo XIII, en
una especie de fuerza policial contra la herejía y evidentemente
interesados en que se instituyera en Castilla la Inquisición
pontificia, porque dicha institución les reportaba grandes
beneficios, además de una casi total autonomía e
independencia frente a las autoridades civiles y eclesiásticas;
desarrollaban una tenaz labor contra los conversos, denunciando
cada desliz o falta a la ortodoxia y haciendo llegar a los reyes
castellanos, continuas quejas sobre la mala fe de los nuevos cristianos. |
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La
Inquisición, ya desde su nacimiento, contó con apasionados
defensores y enemigos; el pueblo llano, considerando que el objeto
de los inquisidores serían los falsos conversos, y vistos
por ellos como un grupo arribista que se había insertado
en los entresijos del poder urbano, vio en dicha institución
el arma que pondría a los odiados conversos en el lugar
que les correspondía; una gran parte de la aristocracia,
temía, sin embargo, y no sin razón, que dicha institución
podía perjudicar los derechos sobre sus vasallos; también
se oponían a ella los judíos y la inmensa mayoría
de los conversos, tanto si eran sinceros como si no; todos sabían
que se encontraban en el ojo del huracán. |
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Algunas
ciudades tuvieron tribunal permanente desde su creación
hasta la desaparición de la institución. El criterio
seguidos para la elección de estos tribunales estables
radicaba, generalmente, en la importancia económica y demográfica
del núcleo de población y su entorno, o bien, por
la presencia en su distrito de un numeroso grupo de elementos
sospechosos de heterodoxia. La idea del Santo Oficio era extender
su influencia a todos los territorios de la monarquía,
por ello se mantuvieron tribunales estables en Barcelona, Canarias,
Córdoba, Cuenca, Granada, Logroño, Llerena, Madrid
(de Corte), Mallorca, Murcia, Santiago de Compostela, Sevilla,
Toledo, Valencia, Valladolid y Zaragoza. |
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