El Final de Bizancio
La cuarta cruzada asestó un golpe definitivo a la prosperidad de Bizancio, que en siglo XIV entró en un estado de impotencia económica debido a la falta de materias primas y a la dependencia mercantil y financiera de las ciudades marítimas italianas: Génova y Venecia. Como muestra baste decir que en el siglo XIV los ingresos aduaneros genoveses en su colonia del barrio de Gálata ascendían muy por encima de los obtenidos por el emperador de Constantinopla.
Se intentó reconstruir la flota bizantina pero se fracasó, y el comercio marítimo quedó de forma definitiva en manos de Génova y Venecia, con quienes colaboraban los escasos armadores griegos que subsistieron, procedentes de la aristocracia y cuyas fortunas invirtieron en el sector terciario.
Venecia estableció numerosas colonias a lo largo de los mares Adriático y Jónico hasta el Egeo, las islas de Creta y Negroponte, controlando el Jónico y el sur del Egeo. En cambio Génova, con sus colonias de Quíos o Samos, en la costa de Anatolia, controlaba el norte del Egeo, el cuerno de Oro en Constantinopla, la Península de Crimea y el mar de Azov.
Mientras que la colonización veneciana se organizó sobre bases territoriales amplias y estructuradas, la genovesa, más dispersa, se apoyó en un gran número de relaciones comerciales o en la explotación de un producto concreto (almáciga, alumbre), lo que no implica una menor influencia económica. Venecia, además de los productos agrarios de sus colonias comerciaba con pasas, frutos secos, aceite, seda, cereales, sal, especias, etc. mientras que Génova traficaba con trigo, azúcar, sedas, perlas preciosas, esclavos y pieles. Pero no debemos olvidar la participación en este comercio, aunque a menos escala, de Levante, de los Estados de la Corona de Aragón, en particular los catalanes.
Este interés mercantil de los italianos en Bizancio contribuyó a prolongar la supervivencia del imperio, pero no pudo evitar el avance otomano y la caída de Constantinopla en 1453, signo decisivo de los nuevos tiempos que se avecinaban para el viejo mar. El siglo XVI estaría marcado por el irresistible ascenso de los turcos como gran potencia naval del Mediterráneo.