Castilla y Portugal
La proyección castellana hacia el Mediterráneo se abrió paso con la incorporación del reino de Murcia a la Corona a mediados del siglo XIII, que le permitió controlar una franja litoral que iba desde Cartagena a Alicante, las dos principales bases mercantiles y corsarias en la segunda mitad de esta centuria. La pérdida de Alicante, al incorporarse al reino de Valencia en 1304, limitó las posibilidades mediterráneas de Castilla, siendo muy escasa la actividad mercantil en el siglo XIV por las guerras con Granada y Aragón, el corso y la piratería.
El tráfico se animó en el siglo XV gracias a la apertura de la vía de Gibraltar, que conectó Cartagena con los países atlánticos, además de mantenerse las tradicionales relaciones con el Norte de África, las islas Baleares y el reino de Valencia. Las lanas y el trigo eran la base de las exportaciones murcianas desde finales del siglo XIV y unas cuantas familias genovesas canalizaron esta exportación de materias primas, importando productos elaborados y de lujo en régimen de monopolio.
Un hecho decisivo en estos siglos medievales fue la apertura del estrecho de Gibraltar gracias al empuje genovés, lo que permitió que marinos castellanos comenzaran a frecuentar el Mediterráneo desde el siglo XIV, sobre todo a partir de 1382-1393 (aproximadamente), ya de forma habitual, y en el siglo XV la presencia en aguas occidentales de marinos y piratas castellanos fue masiva, sobre todo en Valencia, Cataluña y Mallorca, pero también en Génova, Nápoles y Sicilia, actuando como comerciantes y transportistas, multiplicándose los consulados castellanos por todo el Mediterráneo en el Cuatrocientos.
Otro tanto podemos decir de, aunque en menor medida, de los portugueses, cuya presencia en aguas mediterráneas en el siglo XIV era todavía escasa, pero que a partir de la ocupación de Ceuta en 1415 se hizo muy nutrida, con navegantes y mercaderes, pero también con corsarios. En Valencia y Alicante, por ejemplo, ellos eran, junto a los andaluces, los grandes abastecedores pescado fresco o en salazón, mientras que sus carabelas pasaban a ser una de las embarcaciones preferidas de los marinos.