Epílogo: El Mediterraneo a Finales de la Edad Media
Si siempre fue el Mediterráneo una vía de difusión y de transmisión cultural, esta realidad se incrementó aún más, si cabe, por todos sus países ribereños. En el ámbito del Mediterráneo occidental, por ejemplo, Marruecos era una colonia cultural del reino de Granada en todos los órdenes, desde el teológico al artístico, papel que se acrecentó con la llegada de los emigrantes granadinos a partir de 1492 en el terreno de las letras, la música y el arte.
Lo mismo sucedió con la enorme aportación cultural y religiosa que los sefardíes realizaron tras la expulsión de 1492 sobre las comunidades hebreas del Magreb, cuyos niveles intelectuales eran muy inferiores a los hispanos.

Enorme fue la trascendencia cultural que los contactos con Italia tuvieron para los Estados de la Corona de Aragón, sobre todo en el terreno de la pintura, ya desde el siglo XV tras la conquista de Nápoles por Alfonso el Magnánimo, que permitió a Valencia convertirse en la puerta de entrada del Renacimiento en la Península Ibérica, aunque los ritmos en las distintas artes y áreas mediterráneas variaron según los países. Así, frente a la precocidad de la pintura valenciana, en la arquitectura las influencias renacentistas fueron más tardías y dispersas, igual que en el reino de Murcia, de principios del siglo XVI.

Durante la etapa gótica, la expansión mediterránea de la Corona de Aragón trascendió también al ámbito cultural, y así podemos detectar una corriente catalana de influencia en Sicilia y Cerdeña: expansión del catalán por Italia, sobre todo Cerdeña, trovadores catalanes en Sicilia, poesía dialectal sarda desde 1412, mientras que soberanos e intelectuales mostraron su admiración y respeto por la Antigüedad clásica.

En el siglo XV el flujo de personas e ideas entre Italia y la Corona de Aragón fue continuo: estudiantes que marchaban a Bolonia, Pisa, Siena, triunfo del humanismo en la chancillería aragonesa y su adopción por los intelectuales; la difusión de la escritura humanística; los libros que viajan a Italia, sobre todo a la corte napolitana, y viceversa; arquitectos de la Corona aragonesa trabajando en Nápoles, Gaeta, Fondi, Palermo, Nicosia, L’Alguer, etc.

El triunfo rotundo de la pintura italiana en la Corona de Aragón, en particular en Valencia, y tantos otros aspectos que la falta de espacio impide profundidad, pero que demuestran la vitalidad cultural del viejo Mare Nostrum en todas sus orillas.

Lo mismo sucedía en el área oriental, donde los intensos contactos entre Bizancio e Italia se tradujeron en unas influencias culturales, objeto de intenso debate, sobre todo en lo referente a la influencia oriental en el arte cristiano de Occidente, visible en toda la Edad Media, desde los mosaicos de Ravena, Venecia o Palermo, a las “Madonnas”, de una iconografía absolutamente bizantina.

La influencia intelectual bizantina se dejó sentir también en la Italia del siglo XV en un renacimiento del estudio de la lengua griega, en la difusión de las doctrinas filosóficas platónicas, sin olvidar los autores griegos, cuyos manuscritos trajeron a Occidente los letrados bizantinos, huyendo de los turcos, y que tanto contribuyeron al movimiento del humanismo.